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Funcionarios deportistas

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Es una temática no tan común, pero curiosa, cuando años atrás se dieron generaciones de funcionarios deportistas, lo cual propició una mejor imagen y empatía con la población. Era una peculiaridad aprovechada en ciertas actividades de sus cargos. Actualmente, al frente de organismos de esta naturaleza, se nombran personas sin fundamentos en la materia, desconocimientos administrativos y escasa vocación de servicio, solo el aval de una credencial política, buenos colaboradores suplen la mediocridad. LA PRENSA GRÁFICA, consciente de la importancia de este recurso en el desarrollo humano, acompaña constantemente eventos deportivos, no solo en su rotativo especializado El Gráfico, sino en ediciones normales. En la actualidad, a pesar del incremento de muchas ramas, es raro que surja el perfil de un funcionario deportista.

En la época dorada del fútbol, figuró un destacado jugador y dirigente, el general Fidel Rodríguez Quintanilla, ministro de la Defensa Nacional; otros militares, los coroneles Agustín y Juan Antonio Martínez Varela, además de ser seleccionados de béisbol, fueron ministros del Interior. En el baloncesto, defendieron los colores nacionales: el ingeniero Tony Cabrales (ministro de Agricultura), los ingenieros José Napoleón Duarte (presidente de la República y alcalde) y Napoleón Gómez (alcalde capitalino), el doctor Fabio Castillo (rector de la Universidad Nacional), el doctor César Augusto Escalante (ministro de Salud) y el doctor Julio Astacio (vicepresidente de la República y ministro de Salud), el ingeniero Enrique Molina –de fama internacional en automovilismo y tenis (presidió el INDES)–. Podríamos tipificar como polideportistas al expresidente de la República licenciado Alfredo Cristiani, preseleccionado de BKB, campeón nacional de motocross, similar título en squash e integrante de la selección salvadoreña de voleibol en Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe (1970). Asimismo, practicante de muchos deportes fue Hato Hasbún, secretario de Gobernabilidad de la presidencia del país. Jugó baloncesto, fútbol, atletismo, etcétera.

¿Por qué se agotaron estos funcionarios, cuya huella deportiva e histórica fue marcada? En el presente, algunos ni tan siquiera han jugado “chibolas” y su único ejercicio lo marcó el paseo con la mascota.

Es una realidad que los sectores privados han ido sustituyendo los vacíos de la inercia estatal. Ante la situación económica hay que priorizar la masificación deportiva y escoger los talentos para la competencia internacional. Planificar la intervención de ese elemento en eventos acordes a sus posibilidades, rendimiento y marcas. Es frustrante, a veces, enviar atletas a certámenes de gran envergadura, en donde se anticipa el éxito de participantes con un mayor fogueo. El estribillo de ganar experiencia no es convincente. Avancemos por graditas, de eventos nacionales a regionales y luego ir más allá...

Se necesita un modelo deportivo que esté insertado en una renovación educativa nacional, y se aplique una función socioformativa, que signifique un salvamento para la juventud inmersa en conductas erradas. Recuerdo unas palabras del entrenador de baloncesto Ernesto Rusconi: “Para el desarrollo integral de una persona debe existir su equilibrio entre el espíritu y el cuerpo, entre la energía y la efectividad, entre el individuo y lo colectivo”.

Ni la masificación del deporte número uno en El Salvador, el fútbol, ha logrado resultados satisfactorios en la últimas décadas. Mejor aislados progresos se han obtenido con entidades particulares, como Educando a un Salvadoreño y Fundación Forever. Sin olvidar el renombre logrado por un grupo de humildes jóvenes –pintorescamente “chuñas”– en el balompié de playa. El protagonismo del Comité Olímpico, no por ser autónomo, debe acompañar las actividades estatales, en vista de su acercamiento con las federaciones, experiencia y relaciones internacionales.

Es imposible ocultar el descenso sufrido en muchas ramas. ¿Qué pasó con el exitoso desenvolvimiento del béisbol y el boxeo? ¿Por qué están casi en el anonimato las prestigiadas organizaciones arbitrales del pasado y las asociaciones de periodistas especializados? Caminamos en un terreno huérfano de funcionarios que realmente amen el deporte.

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