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Funes y las encuestas

Desde la época de José Napoleón Duarte, ningún presidente salvadoreño había sido objeto de tanta animosidad y furia como el actual mandatario, Carlos Mauricio Funes Cartagena.
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Funes y las encuestas

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La visceralidad de los ataques hacia el jefe de Estado ha pasado ya los niveles de la normalidad, aun para un país carente de civilidad política como el nuestro. <br /><p>La crudeza y dureza de las embestidas verbales contra Funes no se oían en el país desde mediados y finales de la década de los ochenta. Entonces como ahora, los voceros del ensañamiento son un sector de la iniciativa privada aglutinada en las gremiales ANEP y la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador. <br /></p><p>Es evidente que Funes no ha sido una víctima inocente de la refriega. En varias ocasiones el mandatario ha derramado sus propios baldes de gasolina a la ardiente llamarada. Pero lo que llama poderosamente la atención es cómo el mandatario parece salir fortalecido de las reyertas orales. <br /></p><p>Para desgracia y desconcierto de los adversarios políticos del presidente salvadoreño (provenientes de varios sectores), las encuestas que se han hecho públicas (pero también las que no) revelan sólidos niveles de aceptación para la labor de Funes. Los motivos para que la opinión pública vea con simpatía la gestión del mandatario están a la vista. <br /></p><p>Es obvio que desde hace algún tiempo, los principales voceros del sector privado vienen sufriendo un trepidante desgaste al haber asumido un rol de oposición política. Ante la debilidad institucional y crisis interna de ARENA, las gremiales optaron por ocupar dicho espacio. Pero su discurso apocalíptico y peleonero no le sienta bien a la mayoría de salvadoreños. <br /></p><p>El rol claramente político y partidario asumido por los encopetados “representantes” del aparato productivo nacional le resta aun más de la poca credibilidad que le quedaba. Su liderazgo, evidentemente sumergido en vendettas personales contra Funes, no engaña a nadie. Estos señores buscan sus propios beneficios, no el del país. <br /></p><p>Todo esto, la gente lo tiene claro. Además, desde hace por lo menos dos lustros, las encuestas de opinión vienen señalando con elocuente claridad la poca paciencia de la población hacia los pleitos estériles y las actitudes de matonería de parte de la clase política nacional. Y, con sus posturas y mensajes preñados de ferocidad, los “líderes” de las gremiales empresariales se han convertido, sin sonrojarse, en parte de la desprestigiada clase política. <br /></p><p>Pero, mientras estos pleitos se ventilan en los medios de comunicación, la gente ve y percibe favorablemente algunos cambios importantes a su alrededor. Como el periodista de este matutino, Lafitte Fernández, apuntalaba hace unos días en estas páginas, cientos de miles de salvadoreños ven con simpatía la labor de algunas de las principales carteras de Estado. <br /></p><p>En la parte social, la obra de la primera dama y la realizada desde los ministerios de Salud y Educación están generando percepciones favorables para la ciudadanía. En política, la percepción es la realidad, y el gobierno de Funes parece entender a cabalidad las implicaciones de esa máxima. <br /></p><p>Pero también hay logros más tangibles a su haber. Las obras públicas están generando impresiones positivas entre los cientos de miles de ciudadanos que recorren diariamente las redes viales del país.</p><p>En ese rubro, la construcción (al fin) del bulevar Diego de Holguín, otrora un monumento a la ineptitud, está dando respiro y confianza en la gestión presidencial.</p><p>&nbsp;</p>

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