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Gabriel, el camino está listo

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Periodista

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Por jugar fútbol puede cambiar un viaje al centro del mundo; pero por la lectura de un buen libro puede hacer esperar a la misma muerte. Su refugio en los libros se volvió su hogar, su bosque encantado y su boleto para viajar. Allí se reinventa cuando quiere, entonces regresa y comienzan las grandes tertulias que voy a extrañar.

Gabriel puede hablar de la vida con plena conciencia de haber sonreído con la felicidad que solo se experimenta cuando un niño nace y de haber llorado cuando las lágrimas son necesarias para limpiar el alma, para decir adiós sin resentimientos, pero también afinó la pluma para reescribir la historia con los vestigios de lo que deja el tiempo, implacable juez de las decisiones que tomamos en la alegría o en la adversidad.

Reconozco que, cuando no hemos estado de acuerdo, él ha defendido sus puntos con pasión juvenil siendo humilde en la victoria y razonable al ceder ante un argumento mejor.

Gabriel es un joven que, antes de cumplir los 20 años, ya sabe lo que es el dolor de perder a su mamá, pero ha ido aprendiendo paulatinamente que la vida sigue su curso y que los recuerdos son lo único que queda, a los cuales debemos ser fieles y leales con el pensamiento, las palabras y las acciones que sucederán en adelante y que nos harán retomar el rumbo del barco existencial que nos mueve día a día, y del cual siempre se le dijo millones de veces que Jesucristo debe ser siempre el Capitán.

Ahora Gabriel comienza a preparar maletas y espera iniciar uno de los viajes más emocionantes en la vida de un joven, la Universidad, donde se pueden tomar las decisiones más audaces y atrevidas para bien o para mal, allí es donde se conjugan las palabras sugeridas, la experiencia vivida y las acciones que dibujarán su futuro.

Voy a extrañar muchas cosas, las largas jornadas de pláticas multicolores, su sonrisa muy parecida a la de su madre, sus tardías salidas para llevarlo al colegio y la mirada rebelde, de quien no está conforme con el mundo y quiere cambiarlo desde donde Dios se lo permita.

Muchísimas cosas echaré de menos, pero la que más falta me hará es el beso y el abrazo de un hijo, con el que juntos hemos vivido los momentos más intensos de una relación padre e hijo, como el hecho de decir a adiós a una mujer que hizo todos los méritos para levantarse y aplaudir los logros de su hijo y cuya memoria guardamos en un lugar especial, sin que nos impida seguir viviendo y ser felices con el presente que Dios nos plantea cada día.

Cuando los hijos comienzan los nuevos ciclos de la vida nos asaltan pensamientos que intentan poner en duda si lo hicimos bien o mal, y eso no deja de inquietar a cualquier padre o madre, pero a quienes confiamos en la providencia divina nos debe animar el hecho de que siempre los tiempos pueden ser como el mar, apacible por temporadas o terriblemente turbulento en otras ocasiones.

Así lo ha aprendido mi cómplice, mi camarada, mi amigo y mi hijo Gabriel, la vida es como dar la vuelta en una esquina, nunca se sabe con qué nos vamos encontrar, aunque sea lo que sea habrá que afrontarlo con una sonrisa o en franco combate para salir avante en un mundo que parece insalvable, pero todo comienza cuando termina un ciclo en la vida de un joven y nace la esperanza con un nuevo bachiller.

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