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Generando sinergias: la participación público-privada en la construcción de un nuevo El Salvador

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Eugenia Valdez Tamayo Coautora de El País que viene

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Vivimos en un mundo interconectado, no solo en relación a las comunicaciones y la tecnología, sino también en las relaciones económicas y políticas. La importancia del sector privado se ve cada vez más fuerte en esta interconexión, es generador de empleo y de riqueza, ambos necesarios para el crecimiento económico y el desarrollo sostenido; pero también puede ser generador de eficiencia pública y de participación ciudadana. Un estudio de comparación entre ventas corporativas y PIB nacionales del Instituto del Banco Mundial resalta que “de las 100 economías más grandes del mundo, 52 son corporaciones y solo 49 son países”. Esta es una realidad que debería impulsarnos a identificar alianzas que promuevan la participación responsable de esas economías.

Estas alianzas pueden tomar muchas formas: las asociaciones público-privadas promueven infraestructura y servicios públicos; el valor compartido en las empresas impulsa las capacidades humanas, y a través de alianzas que impulsan la modernización del Estado, se puede promover transparencia y la cercanía entre Gobierno y sociedad. En El Salvador el mandato es claro, el artículo 13 de la Constitución establece que “serán fomentadas y protegidas las asociaciones de tipo económico que tiendan a incrementar la riqueza nacional mediante un mejor aprovechamiento de los recursos naturales y humanos, y a promover una justa distribución de los beneficios provenientes de sus actividades”; lo que falta es la voluntad política y la visión de un horizonte común para encontrar el camino en el cual los actores —sector privado, Gobierno y sociedad civil— formen alianzas dirigidas a la cocreación de valor compartido para el desarrollo del país.

Los empresarios, el Gobierno y las comunidades deben encontrar sinergias y formar alianzas para lograr estos objetivos en conjunto. El liderazgo debe venir de los empresarios, deben dar el paso y reconocer que los problemas de la sociedad afectan de forma negativa sus negocios y que el bienestar de una comunidad y la salud de una compañía están interrelacionadas. El Gobierno entra en juego al momento de promover políticas públicas que impulsen la productividad y generen un clima de negocio favorable, incentivando la inversión privada, pero también regulando su campo de acción.

El sector privado juega también un papel importante en el camino hacia la modernización del Estado. Con la evolución de la tecnología y la globalización, las empresas han sabido adaptarse y avanzar, invirtiendo en innovación y brindando soluciones que se adecúan a la realidad. Lo contrario ha pasado con los Gobiernos, en muchas partes del mundo siguen siendo una institución que se ha quedado estancada en viejas prácticas y visiones.

Avanzar en el camino de la innovación y la tecnología permite a los Gobiernos brindar mejores servicios a los ciudadanos y generar un ecosistema de inclusión.

Tenemos un país que avanza, que cae, pero se levanta. Tenemos una sociedad civil cada vez más comprometida; tenemos un sector privado consolidado, con las habilidades y el conocimiento para transformar y velar por el bienestar social; y tenemos un sector público capaz de cambiar los paradigmas y de adaptarse a nuevos desafíos. Lo que falta es reconocer que juntos somos más, que el compromiso de todos es fundamental y que el trabajo conjunto requiere una apertura de mente, de ideas y de procesos de retroalimentación. Es el momento de negociar, dialogar y trazar nuestro punto de partida, nuestro horizonte común.

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