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Gestión del riesgo climático: mejor manejo del agua (Cuarta Entrega)

Para reducir la demanda del recurso hídrico en nuestras ciudades, se pueden promover esquemas de precio diferenciado y hasta incentivos para su conservación.

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Juan Marco Álvarez - Experto en temas  de sostenibilidad  y medio ambiente

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Nuestro país enfrenta enormes desafíos para manejar el recurso hídrico, en especial el asegurar que las personas, los cultivos, los ecosistemas y la industria tengan disponibilidad suficiente de agua. Las fuentes como los ríos, acuíferos y humedales, cada vez se reducen o se encuentran más contaminados. Las inundaciones y las sequías causan daños por cientos de millones de dólares y provocan un alto costo humano. Tampoco ayuda el hecho de que el recurso hídrico esté muy mal administrado lo cual se refleja en desperdicio domiciliar y en sistemas de riego ineficientes, pero se exacerba todavía más por la infraestructura envejecida de distribución, así como por incontables fugas de agua en las tuberías de los sistemas principales. Y por supuesto, tampoco ayuda la incompetencia de las autoridades de turno.

Hay que enfatizar que el cambio climático está acelerando el agotamiento del capital natural y los servicios de los ecosistemas en todo el mundo. Está alterando las principales condiciones geofísicas demasiado rápido para que los sistemas naturales se adapten. Me refiero a condiciones geofísicas como la temperatura promedio de la superficie de la tierra, los patrones de precipitación, y la temperatura, contenido de oxígeno y la acidez de los océanos. Con tanto cambio en los sistemas naturales es evidente que el recurso que saldrá mayormente afectado será el agua.

Se verán cada vez más conflictos por el agua que provocarán migraciones, incluso dentro de nuestro propio país. En particular tendremos movimientos de gente del oriente hacia el centro y occidente de El Salvador, y por supuesto hacia los países vecinos. Que no quepa duda de que también seguiremos experimentando tormentas como Amanda/Cristóbal que sobrepasarán la capacidad de los drenajes, provocarán derrumbes y desbordamientos de ríos e inundaciones en las zonas costeras, llevándose de encuentro a muchas comunidades. Lamentablemente no estamos preparados para esta nueva realidad, ya que todos nuestros planes y obras están diseñados para el clima del pasado y no para el clima del futuro. Por consiguiente una adaptación exitosa ante el cambio climático requerirá de una transformación fundamental en cuanto a la gestión del agua.

En primer lugar tendremos que potenciar el papel de la naturaleza y ampliar la infraestructura que provee agua. La inversión en la restauración de nuestras cuencas hidrográficas debe ser prioridad nacional y esto incluye restaurar bosques en las tierras altas y otros ecosistemas cruciales como las áreas ribereñas y los humedales. Y es que tenemos que entender que el nivel actual de deterioro está comprometiendo nuestra seguridad hídrica, incluyendo aumentos en el costo del agua. Se requieren inversiones sostenidas en revertir la degradación actual, pero acompañadas de mejores políticas públicas como una buena Ley del Agua. Este combo si se quiere traerá importantes beneficios para los ecosistemas, incluidos suministros de agua más confiables, así como la reducción de los riesgos de inundación.

Segundamente, el Gobierno (por ahora por medio de CEL y ANDA) debe también considerar la construcción de reservorios, crear sistemas interconectados de agua y mejorar la recarga de los acuíferos. También, y para proteger mejor a las comunidades vulnerables, se debe invertir en mejoras de infraestructura para el control de las inundaciones, como sistemas de aguas lluvias, ampliación de canales de drenaje, lagunas de laminación y otras medidas de retención como terraplenes.

No menos importante son las mejores prácticas en cuanto al uso más eficiente del agua puesto que nuestra situación de estrés hídrico como país ya sobrepasa el umbral de lo aceptable. Tenemos demasiadas ineficiencias pero también las oportunidades para ahorrar agua son vastas. Y esto nos puede preparar mejor ante los riesgos climáticos. Al respecto, para reducir la demanda del recurso hídrico en nuestras ciudades, se pueden promover esquemas de precio diferenciado y hasta incentivos para su conservación. La reparación de las fugas en las tuberías es algo que el Gobierno debe hacer de rigor, pero también lo es la recuperación de aguas lluvias como forma de utilizar más eficiente el recurso. El tratamiento de aguas servidas para ser reutilizadas en el sector agrícola también es clave. Y justo en este sector es donde el MAG podría tener gran impacto, al promover políticas que faciliten métodos apropiados y nuevas técnicas de irrigación, y en general, promover una agricultura inteligente con el clima.

El gobierno y las instituciones del sector hídrico ahora tienen que considerar los elementos del riesgo climático a nivel de planificación y en lo operativo. Esto incluye invertir en mejores sistemas de monitoreo del agua. Pero en general, la planificación requerirá una colaboración más estrecha con la gestión meteorológica en el MARN y con el MINGOB, encargado del tema de prevención de desastres. Ante la realidad de futuras e inevitables inundaciones y sequías, se podría comenzar con acciones como la colocación de reservorios en sitios clave para retener escorrentías y a la vez minimizar los daños aguas abajo. También acciones como la manutención/infiltración de los mantos acuíferos nos servirá de mucho en años de sequía severa. Estos esfuerzos, siempre y cuando sean bien enfocados, podrán brindar los frutos requeridos en un país como el nuestro.

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