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Gestión pública y descontento social (I)

Hechos alternativos. Ha concluido otro tramo temporal que acerca el fin, con mucha deuda, del mandato del presidente Sánchez Cerén. El grueso de la población se siente frustrada por su gestión y difícilmente ese sentimiento cambiará a su favor en los 23 meses que le quedan en el cargo; por el contrario, lo más seguro es que el mismo se profundice. La misma situación imperante, la gravitación negativa que ejercen normalmente procesos electorales como los que se avecinan y el empecinamiento del partido de nadar contra corriente son factores potencialmente más dañinos de lo que piensan hasta los que creen en milagros. Pero en el discurso oficial, el país sigue avanzando y por ende va en el camino correcto, algo que deja muy mal parado al gobierno cuando sus pregonados logros se contrastan con lo que recogen las encuestas de opinión más prestigiosas.
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La complicada situación que vive el país en todos los órdenes, pero cuyos primeros indicios surgieron –ocultarlo sería una herejía histórica– durante los últimos gobiernos de ARENA, sin duda ha sido exacerbada por la cuestionable gestión de las dos administraciones del FMLN, al mezclar perversamente una ideología trasnochada con una ineptitud exuberante para manejar la cosa pública en tiempos anormales. Algunos optimistas piensan que todo se resuelve con la destitución de ministros y otros funcionarios de alto nivel. Personalmente veo en estas posiciones una fuerte dosis de ingenuidad, porque si bien es fácilmente comprobable la ausencia de idoneidad de algunos de sus principales colaboradores, la incuestionable razón está en la esencia misma del modelo de gobierno que el partido gobernante pretende instaurar en el país. Si no han avanzado más en la concreción de esa peregrina aventura no es por falta de ganas de sus ideólogos, sino porque las “condiciones objetivas” –para hablar en su propio lenguaje– no están dadas. Aun así, su tozudez tiene desde hace tiempo expresiones grotescas que no deberían siquiera mencionarse, pero que tampoco pueden caer en el olvido por su incidencia en nuestro futuro.

Comenzando por lo más irritante, porque nuestra incipiente democracia no tiene por qué comprometerse, está ese maridaje perverso que mantiene el gobierno con el régimen espurio, sanguinario y corrupto de Maduro. Esto nos ha puesto internacionalmente como un país cómplice de la barbarie política, del irrespeto a los más elementales derechos humanos y en general de la crisis humanitaria que sufre ese país hermano. Como reacción, voces potentes en nuestro socio más importante están clamando porque se revise la cooperación, en momentos en que el actual presidente ha enfilado sus baterías para expulsar a muchos de nuestros compatriotas. En cada caso y más si se combinan, las consecuencias para el país serían desastrosas. Además, las autoridades estadounidenses tienen en la mira al patrón del FMLN, mientras el gobierno de mutuo propio o acosado por la alta dirigencia del partido lo blinda y defiende, igual que a otros indiciados de cometer graves ilícitos, incluyendo el caso del expresidente asilado. Y para que los señores del norte tomen sus decisiones, no necesitan la “ayudadita” de un diputado patán.

De la capacidad gubernamental para inventar cifras de crecimiento económico y empleo, ocultar realidades dantescas en los hospitales y centros educativos, hay también suficiente evidencia. Igualmente de las intenciones aviesas de confiscar el ahorro de los trabajadores, del maquillaje del presupuesto, del impago irresponsable, de permitir la corrupción y de violar la separación de poderes. Tampoco se puede obviar la mascarada montada para “elegir” a los candidatos que participarán en la próxima jornada electoral, donde el partido gobernante dicta la pauta para que los otros hagan lo mismo. Y para colmo de males, al más puro estilo chavista, ahora se pretende amordazar a los medios.

Lo anterior únicamente constituye una panorámica del desmadre en que hemos caído, sin incluir la seguridad. Pero haciéndonos eco de una expresión que cobró notoriedad desde el primer día de la administración Trump, diríamos que recoge “hechos alternativos”. Quien no esté familiarizado con este decir, solo debe consultar Wikipedia.
 

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