Gigantesco parque de atracciones

¡Pareciera que vivimos en el Circo Más Grande del Mundo!
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El Gran San Salvador es como un parque de atracciones –no diversiones– en el que cada esquina es una pista de circo.

Durante las intermitencias de los semáforos, un equilibrista en monociclo hace malabares con machetes; luego jóvenes de ambos sexos, con pelo largo, pantaloncillos y zapatos deportivos raídos y descoloridos, lanzándose pinos, usando yoyos o palos con fuego y en el breve lapso de 20 segundos finalizan su “número artístico”, hacen una reverencia y solicitan unas monedas a los viandantes; corren a la esquina vecina pues el semáforo les llama a su actuación y recaudación de más monedas.

Ni mencionar a los otros jóvenes, magos del balón que demuestran sus destrezas; ni al casi interminable desfile de menesterosos con discapacidades fingidas o reales, más los vendedores ambulantes de artículos pequeños o flores multicolores, frutas, agua o golosinas moviéndose entre las dos vías del tránsito vehicular con riesgo de accidentes...

Le sigue el monumental caos vehicular provocado por la incultura de tapar las bocacalles, los insultos, pitos estridentes, asaltos y robos incluidos; los vehículos estacionados donde le da la gana al conductor...

La constitución responsabiliza al gobierno de la seguridad social en general. No hay policía ni autoridad que ponga orden.

Demuestren capacidad, señores: pasen a los ancianos a asilos, los enfermos a centros de atención, los delincuentes a las cárceles y a los desocupados pónganlos a trabajar. ¡¡¡Por favor, señores!!!

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