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Gitanos

Liderados por el nuevo presidente del Parlamento, los 11 directivos de la nueva legislatura posaron para los medios con dos hileras de preciosas camionetas flanqueándolos. Estaban ahí para informar a la ciudadanía que no usarán esos vehículos, que no los fulearán con nuestro dinero, y procurarán echar menos mano de los servicios de telefonía que también se pagan desde el erario.

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¿Bastaba un comunicado o eran necesarias la fotita, la escena (con Francisco Merino incluido, que es como invitar a Herodes a una piñata), el podio y el car wash para la ocasión?
Cualquiera de a pie te dirá que bastaba con un comunicado en Word y tirarlo a las redes sociales de la Asamblea Legislativa. Pero los diputados, todos, están en campaña política otra maldita vez. Vamos, que ya lo estaban antes de sentarse en sus relucientes curules.

La lógica de estos días ha sido primitiva: todo lo que los diputados y alcaldes hagan será capital político de los presidenciables de su partido. Y por ende, hay que producir noticias a mansalva y cacaraquearlas hasta donde el malgusto aguante. Lo que nos faltaba, que la agenda de nuestras instituciones fuese redactada por los jefes de campaña 2019...
El efecto de esta línea general es en primer lugar una ola de medidas con un fuerte sabor cosmético; y en segundo, una inoportuna distracción de algunos de nuestros mejores funcionarios, a los que tenemos ahorita discutiendo sobre temas baladíes.

¿Quién puede discutir sobre la desatención de la seguridad de los más de 2 mil empleados que laboran en el edificio legislativo, que no ofrece condiciones desde los terremotos? ¿Quién se atreve a posponer un día más la inversión en el hospital Rosales? ¿Quién puede defender el despilfarro en publicidad y celebración personal de los últimos tres años en la alcaldía de San Salvador?
Nadie.

Pero la conversación entre nuestras fuerzas políticas no debe agotarse en ese estadio superficial. Por ejemplo, en el tema del palacio legislativo, ¿y qué hay de los otras 1 mil 700 edificaciones que cuentan con bandera de prevención? ¿No le parece a nuestros diputados que hay que ofrecerle urgente ayuda a la OPAMSS para completar el censo de estructuras dañadas? 

El Rosales languidece fruto de inanición presupuestaria, pero fueron muchos de los diputados que hoy repiten en la nómina los que aprobaron un Presupuesto General con $11 millones de dólares menos de lo necesario para su funcionamiento. ¿Por qué no comenzar ya una prospección de la inversión social para el próximo quinquenio, con independencia de quién gane el reality show de 2019? 

Tan ilustrativo como el ruido que ha rodeado los temas del palacio y del hospital es el silencio con que la clase política se ha tomado las noticias desde la alcaldía de San Salvador. En un chasquido de dedos, el ex alcalde se quemó $390 mil dólares de dinero ajeno en publicitar su gestión, y sólo dejó el 3% del presupuesto publicitario 2018 a su sucesor.

Pero más allá de lo obvio sobre las veleidades del personaje, se me queda rebotando una pregunta para los presidentes de todos los institutos políticos. En una situación de austeridad como la que sufre nuestro Estado, ¿no debería penarse el uso de fondos para mera propaganda oficialista, gobierne quien gobierne? 
Pero entre gitanos...

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