Gobierno-ANEP: un acercamiento imprescindible

La reunión sostenida el miércoles anterior entre altas autoridades del gobierno encabezadas por el presidente y los máximos dirigentes de la empresa privada organizada es una señal alentadora para el abordaje compartido de los problemas más acuciantes que más afectan nuestra cotidianidad.
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Sin lugar a dudas, esto ha despertado optimismo en la población, consciente de que dos actores tan importantes para el desarrollo integral del país no pueden estar en una pugna permanente, aun cuando ideológicamente no compartan principios y valores.

Aquellos que constantemente hacemos llamados para trabajar genuinamente en favor de la unidad nacional lo hacemos convencidos de que esta no es una opción, sino un imperativo moral porque de ella depende la viabilidad del país, en todos los órdenes. Tampoco perdemos de vista que los fundamentalismos solo producen desgaste y distanciamientos más profundos, cuando cada salvadoreño –independientemente de sus debilidades y fortalezas– debería estar empeñado en poner su cuota para sacar al país adelante, antes que gastar energía en señalar a otros como responsables de todos nuestros males. Esto lo deberían tener especialmente presente aquellos que se han mantenido atrincherados detrás del muro de su “propia” razón, sin reflexionar sobre el daño que le han causado al país.

Consecuentemente, superar las posturas irreductibles implica revestirse de tolerancia, paciencia, transparencia y sobre todo ceder espacios en beneficio del interés colectivo. Por las razones que sean, esto no ha sido posible en el pasado reciente. Sin embargo, la realidad nos está indicando que más allá de las diferencias, entendibles por lo demás entre dos actores que actúan bajo patrones filosóficos totalmente opuestos, existe también una sociedad virtualmente partida en dos, lo que sugiere que ninguna de las partes ha sabido aquilatar y poner en perspectiva lo que realmente ha estado y está en juego: el desarrollo integral a través del esfuerzo compartido.

Y si en el pasado gobierno y empresa privada han transitado por caminos distintos, ninguno puede pretender llegar a la meta con que sueña la sociedad, si no se parte de una voluntad genuina de ambas partes y comienzan por hacer un esfuerzo extraordinario para potenciar las coincidencias. Todo lo demás cae en la esfera de la institucionalidad democrática y del respeto a la voluntad de la mayoría, sin marrullerías de ninguna especie. Todavía más. Aquí no se trata de quién da el primer paso; lo que la sociedad espera es que las partes lo den al unísono y sin vacilaciones Que habrá intentos de entorpecer el acercamiento, nadie lo puede dudar; lo importante es avanzar cediendo cada uno espacios en beneficio del bien común.

Es claro que la problemática del país es sumamente compleja y diversa y ello impone de entrada la necesidad de comenzar por determinar prioridades. Ya es un avance el hecho que en ese primer encuentro se hayan identificado cinco grandes áreas temáticas que serían abordadas por la “Mesa Técnica” que ha sido creada al más alto nivel. Pero inevitablemente en lo individual y en conjunto, deben ser desmenuzadas precisamente para facilitar el abordaje siguiendo un orden de importancia.

Con todo, se puede inferir que al menos en el campo económico-financiero –donde se anticipa habrá mayores discrepancias– no se parte de cero y esto es una ventaja para encarar problemas cruciales como el déficit fiscal, la deuda pública, las pensiones, el estancamiento económico, entre otros. Y cuando hablamos de que no se parte de cero, aludimos específicamente a los hallazgos y sugerencias de la reciente visita de la Misión del FMI. Aparte de que el informe sugiere acciones específicas, tiene la ventaja de que está desprovisto de connotaciones ideológicas y, en cambio, está sustentado en elementos eminentemente técnicos que deberían ser inteligentemente ponderados. Ellos igualmente sugieren un consenso mínimo, por lo espinoso del caso.

Pero en definitiva, los acercamientos esperables estarán determinados grandemente por el método y forma en que se aborden los diferentes problemas. Lo que no podemos esperar es un matrimonio perfecto entre dos actores que por definición deben vivir separados, aunque sí un esfuerzo para cobijarse con la bandera azul y blanco.

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  • juan hector vidal
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