Gobierno pobre para los pobres

El nuevo santo padre, Francisco I, que prefiere ser llamado simplemente Francisco, ha comenzado a revolucionar el mundo con su sencillez y con sus mensajes de profundo sentido cristiano, de plena aplicación tanto en la vida espiritual como en la vida cotidiana de todos. Sencillas palabras, pero con fuerte mensaje. Leamos y sintamos su significado: “Nosotros podemos caminar todo lo que queramos, podremos edificar muchas cosas, pero si no proclamamos a Jesucristo, la cosa no va”. Y el día de su entronización nos señaló con énfasis: “¡Sean guardianes de los dones de Dios!”
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Todo lo anterior tiende a ser una sentida petición papal de “vivir” la palabra de Dios, dando paso a la humildad, la caridad, la solidaridad, la verdadera preocupación y atención a los demás, especialmente los más pobres, todos fundamentos del bien común.

Luego pidió a la Iglesia católica evitar las tentaciones modernas, y llevar una vida irreprochable. Cómo me gustaría poder pedir a nuestros gobernantes “evitar las tentaciones modernas”, el abuso del poder, el mesianismo, la arrogancia y la intolerancia.

Cómo me gustaría un Gobierno lejos de las tentaciones de tomar el dinero de los contribuyentes como si fuera propio, donde la corrupción ya no molesta ni incomoda a nadie, e incluso llegan a hacer ostentación de ella, olvidando que cada centavo tomado indebidamente es un gramo de esperanza que pierden los más pobres de salir adelante.

Cómo me gustaría un Gobierno alejado del populismo desvergonzado, que es una vejación a la dignidad de las personas más pobres, porque esos malos gobernantes no buscan sacarles de la pobreza sino que mantenerlos en ella, para retener su voto, el que “compran” con dádivas menores ante la desesperanza en la que viven las personas.

Cómo me gustaría un Gobierno responsable, que no gaste lo que no tiene, endeudándose más allá de lo que puede, comprometiendo así indolentemente el futuro de las nuevas generaciones.

Profundo llamado del papa Francisco: “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre, para los pobres!”. A esto me sumo para decir: “Cómo me gustaría un Gobierno pobre, para los pobres; no un Gobierno rico para los gobernantes que indolentemente malgastan los recursos escasos que necesitan los más pobres.

Así como el papa Francisco, que comienza a conocerse como el papa de los pobres, en un gesto de humildad dejó de lado la cruz de oro para mantener la de plata que él siempre ha usado y luego cambió el anillo de oro por uno de plata que no fue creado expresamente para él, sino que para el papa Pablo VI. Cómo me gustaría tener gobernantes que no se envilezcan con carros nuevos, seguidoras, relojes finos y bebidas alcohólicas para paladares refinados, mientras hay familias pobres que comen con menos de un dólar al día.

Cómo me gustaría un Gobierno que comprenda que el poder no es para hacer ostentaciones, sino para comprender que, como dijo el papa Francisco, “el verdadero poder es el servicio… Sobre todo el servicio hacia los más débiles”.

Cómo me gustaría un Gobierno que comprenda el significado de las palabras del papa Francisco: “El odio, la envidia y el orgullo ensucian la vida. No debemos tener miedo a la bondad”. Cómo me gustaría un Gobierno que comprenda que “hay que respetar y custodiar a las personas, todas las personas, y el medio ambiente”.

Oremos por el papa Francisco, para que Dios lo bendiga y lo mantenga en ese caminar en pos del fortalecimiento de la fe y del servicio a los más pobres, para que su palabra nos llegue a todos, porque el mundo lo necesita y, de manera especial, nuestro querido El Salvador y quienes tienen el poder para gobernarnos.

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