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Golpistas

No es que quiera hacer changoneta de las afirmaciones de don Medardo, sino al revés (no, don Ciro, al revés no es netachango). Pero puestos a ver, si hay golpes de Estado suaves, debe existir un amplio catálogo de opciones.
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Por si el lector se despertó vigorosamente golpista, condición nada extraña en estos días a la luz del enorme listado de conspiradores denunciados por el secretario general del partido oficial, ofrezco un catálogo de opciones con fines utilitarios.

Aclaro, don Eugenio –no el que le atiza al deporte sino al que atiza por deporte–, que no estoy alentando conducta subversiva alguna más allá de la del disenso, aún no penalizada en El Salvador. Ergo, démole.

Golpe ilustrado: Revolución moral del Estado sin medios violentos, emprendida a partir de la ilustración de los burócratas, y a su comprensión de que un país mejor es posible a partir del imperio de la razón sobre la ignorancia, equivalente a una evolución histórica del pensamiento burgués. Cuando uno conoce a algunos ministros o diputados, entiende que esto es imposible en El Salvador, perdonen la pérdida de tiempo.

Golpe por infiltración: Un poder fáctico o una facción a su servicio infiltra posiciones importantes del Estado para defender su agenda y paulatinamente hacer prevalecer ciertos intereses empresariales. Algunos expresidentes consideran que esta variable no es perniciosa, considerando que viene ocurriendo desde la instalación de la vida democrática. Semos malos.

Golpe por Twitter: Tal cosa no existe.

Trolligolpe: Tampoco existe, pero al menos le da trabajo a algunos periodistas. Saludos.

Golpe suave: Esta idea, que no ha sido patentada por don Medardo sino a partir de las revisitas a los conceptos sesenteros del gringo Edward Luttwak, parte de un error de principio: que no existe el descontento social auténtico, sino solo sus remedos con fines desestabilizadores. Otro modo de verlo es como la lectura paranoica que el Estado da a la descomposición social, en pura clave de superestructura. Pero es meternos en el materialismo histórico, y a la izquierda política por estos días le atrae el materialismo, pero a secas.

Autogolpismo: Reservado solo para adláteres del partido en el Gobierno, es una variante de la propaganda oficial que consiste en recrear un mundo maníqueo en el que el Estado es la suma de todas las virtudes, y la oposición así como los movimientos civiles afines la suma de todos los defectos. En la acentuación apocalíptica de la amenaza, imaginaria o no, de los segundos a los primeros reside la efectividad de este método, cuya versión contemporánea se le acredita a Joseph Goebbels. Pero repetida más allá del buen gusto, la mentira pierde efectividad.

Chikungolpe: Deseo de botar al Gobierno luego de que el marero te rentea, que el busero te avienta la coaster (claro, el señor maneja en sentido contrario), que en el ISSS te tratan como a un paria o que se hable de institucionalidad en El Salvador. Altamente contagioso, se pasa después de la calentura y el dolor de hue... sos.

Coup d'État: Versión estándar del golpe de Estado. En cuanto los generales de un país lo pueden pronunciar adecuadamente, ahí sí se jodió la cosa.

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