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Gracias, 4 magníficos

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Rafael Castellanos / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional: Belarmino Jaime, Rodolfo González, Sidney Blanco y Florentín Meléndez, terminan su período de 9 años en dos semanas y aunque pudieron optar por la reelección, decidieron retirarse después de una gloriosa gesta, una que cambió el rumbo del país hacia la democracia y la institucionalidad.

Su gestión es el punto de inflexión en nuestra historia política, las salas de lo Constitucional hasta ellos no fueron independientes, estuvieron sometidas al poder de turno, el Ejecutivo, desde donde se dirigía el Estado sin independencia de poderes. Se dice que a los despachos llegaban sobres llenos de billetes para remunerar su “alineamiento”. Sus sentencias, totalmente apegadas a derecho, con profundo conocimiento constitucional y adecuada interpretación de la misma cuando fue requerido, abrieron profundas grietas en la cerrada estructura política, verdadera fortaleza manejada por los partidos, la nefasta partidocracia que se instaló después de los Acuerdos de Paz e hizo luz en la forma de hacer justicia constitucional independiente, de forma libre. Muy valiente pues sus poderosos enemigos trataron de bloquearlos o eliminarlos más de una vez, equilibrados pues sus sentencias fueron en contra de intereses de izquierda y derecha, de políticos y poderosos empresarios.

Despertaron en la ciudadanía esperanza, empoderamiento y deseo de defender sus derechos ante la clase política que no termina de aceptar que su impunidad ya no es la regla, sino la excepción y precisamente esa ciudadanía reaccionó con fuerza y determinación cuando fue atacada la sala por decretos espúreos que trataron de neutralizarlos o por un intento de golpe de Estado fraguado en la Asamblea Legislativa, que ilegal e ilegítimamente eligió a una sala diferente, en forma delictiva, debió ir a los tribunales, se tomaron la Corte forzando cerraduras y apostando francotiradores en los techos circunvecinos, montaron una plataforma enfrente a la CSJ y en el espectáculo circense más grotesco de la política reciente. El entonces presidente de la Asamblea, el inefable Othon Sigfrido Reyes, el otro inefable Francisco Merino levantaron en ese ring el brazo del supuesto presidente que habían nombrado. Otra vez tuvieron que tragarse sus intentos ante la fuerte reacción ciudadana, las cosas volvieron a su estado y solo quedó recuerdo del ridículo que hicieron. Esta fue solo una de las intentonas de defenestrarlos, pero quizá la más ruidosa y fallida.

El ataque verbal y mediático nuca cesó y aunque se volvió regla, como manda la ley, que aunque no gusten a alguien, las sentencias de la sala deben ser obedecidas, al FMLN y algunos compañeros de viaje les quedó atacarlos en declaraciones, diciéndoles que son apéndices de ARENA o “la derecha”, lo usual para descalificar adversarios, pero se les acabó.

Uno de los cambios más importantes que sus sentencias produjeron fue el voto por rostro para darle al pueblo su derecho de escoger, antes los escogían las cúpulas partidarias. Lo reforzaron con la obligación de celebrar elecciones primarias en las presidenciales, más democracia. A partir de entonces tenemos oportunidad de elegir realmente a los diputados y alcaldes.

Las sentencias que inciden en la vida del país son muchísimas, verdaderos tratados de constitucionalidad, en las que señalan como el más consumado constitucionalista a Rodolfo González y el accionar probo y valiente de todos.

Tenemos mucho que agradecerles, son verdaderos héroes de la democracia, pasará mucho tiempo para que tengamos funcionarios que dejen una huella tan profunda como los cuatro magníficos, su huella será indeleble.

Gracias a nombre de todos los salvadoreños.

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