Gracias, maestro Francisco Armando Torres

Hablar de Francisco Armando Torres es hacer referencia a la historia de la psicología en El Salvador, su labor como pionero del gremio, psicólogo clínico y profesor universitario de muchas generaciones de colegas respaldan la afirmación.
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Nació en San Salvador el 1 de junio de 1926. Después de hacer su bachillerato en el Instituto Nacional General Francisco Menéndez ingresa a la Universidad de El Salvador y obtiene su título de Licenciado en Psicometría en 1960, siendo además el segundo en graduarse. Eran años en los que aún no existía la Licenciatura en Psicología, título que obtiene ocho años después en la misma universidad. Posteriormente viaja a Europa y obtiene el Diploma de Licenciatura en Psicología Clínica por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) en 1970 y el Posgrado en Psicología Clínica por la misma universidad en 1971.

Le gustaba hablar de sus años en Europa, de los viajes que hizo por Bélgica, Francia y España. Hasta antes de perder la vista, solía leer en francés tanto como en español, decía que era para no olvidar el idioma. En la última década de su vida, solo mantuvo comunicación con uno de sus amigos europeos, el psicólogo español Luis Blanco Pérez, quien fue de los primeros profesores que llegaron a la Universidad de El Salvador a inicios de los sesenta del siglo pasado.

Si algo caracterizaba al maestro era su humildad. Su vocación por la enseñanza la mantuvo hasta el final. Cuando llegué a visitarlo al asilo en el que decidió vivir sus últimos días, estaba en la habitación de otro anciano con el silabario y con varias páginas de papel de empaque. Le pregunté: “¿Qué está haciendo?”, él respondió: “Aquí, enseñándole a leer y a escribir a este señor” y así me estaba dando una de sus últimas cátedras.

No solo enseñaba con lo que decía, sino con lo que hacía. La congruencia fue una de sus principales virtudes, cualidad que parece estar en peligro de extinción en estos tiempos hipermodernos.

Siempre he pensado que el verdadero maestro es aquel que favorece a que su alumno le supere, y él nos empujaba a ello.

Gracias, maestro Torres, por enseñarme a valorar y a respetar mi oficio; por enseñarme que la sonrisa con la que sale aquel que entra llorando a la consulta es la mejor paga; por hacerme ver que todo ser humano tiene un enorme potencial de crecimiento en su interior; por enseñarme a disfrutar de la lectura profunda y que no se lee para aprender, sino para vivir. Por todo eso, permanecerá por siempre en la mente y corazón de sus alumnos, y el eco de sus palabras y enseñanzas nos resonará a través del tiempo.

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  • sicologia
  • francisco torres
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