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Gremiales, políticos y encuestas

Es un grave error de percepción suponer que las gremiales representantes del sector productivo nacional están “desconcertadas” por la solidez que las encuestas le otorgan a la imagen del presidente Funes. Ninguna entidad privada que yo conozca está empeñada en ganar concursos de popularidad, ni existe en el empresariado nacional el ánimo de competir contra los números de ningún líder político.
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<p>[email protected]</p><p>Los mandatarios van y vienen, como las nubes de tormenta o las aves migratorias. Los empresarios, en cambio, permanecen, en el mismo lugar que escogieron para prosperar y crear empleos. Aunque les interese mantener el favoritismo de clientes y proveedores, los salvadoreños productivos no se afilian a una cámara o a una asociación de empresarios para desbancar a los gobiernos en las encuestas. Reaccionan, eso sí, cuando un gobernante intenta destruir la institucionalidad y el Estado de Derecho, porque es imposible el crecimiento en un país liderado por políticos que no respetan ni entienden bajo qué condiciones democráticas funciona la libre iniciativa privada, sea del tamaño que sea. Los que insisten en mezclar en una sola melcocha a las gremiales empresariales con los partidos de oposición saben lo que hacen; así, entre otras cosas, se evitan el esfuerzo de explicar la caída abrupta que El Salvador ha registrado en todos los índices económicos en los últimos tres años. Lo vergonzoso es ignorar olímpicamente la actitud hostil del presidente de la República hacia los gremios privados y, acto seguido, ¡acusarles a estos de buscar sus propios beneficios y no los del país!</p><p>Es difícil entender, por ejemplo, cómo instituciones que envían dos propuestas integrales para el combate a la delincuencia y la violencia social estén protegiendo “sus propios beneficios”. Tampoco es lógico que se acuse de estar sumergidas “en vendettas personales” a entidades que se han sentado en cuanta mesa de diálogo ha convocado el actual gobierno, mientras soportan que se les ningunee a la hora de discutir reformas tributarias o proyectos reales de transparencia y contención del gasto.</p><p>Los políticos que viven prisioneros de las encuestas pueden destruir aparatos productivos enteros si con ello consiguen dos puntitos más en el reforzamiento de su imagen pública. Las gremiales privadas no solo no se mueven por estas ansiedades, sino que estarían traicionando a sus afiliados si dejaran de defender los principios de libertad económica sobre los que descansa y adquiere su sentido cualquier tipo de emprendimiento individual.</p><p>La percepción ciudadana, que lleva a ciertos gobernantes a ejecutar las medidas más populistas y empobrecedoras, no constituye la motivación que lleva a los voceros del sector productivo a defenderse de los ataques gubernamentales. Lo que las gremiales hacen –y espero que sigan haciendo– es recordarles a los liderazgos políticos que la verdadera fuente de riqueza está en manos de los emprendedores privados, y que vilipendiar y calumniar a sus representantes, por muy “encopetados” que parezcan, es una forma muy dañina de socavar los cimientos de la economía y de la estabilidad social.</p><p>Es sintomático que algunos oficiosos valedores del actual gobierno, que acusan a los líderes gremiales de promover un “discurso apocalíptico y peleonero”, se olviden de las formas poco decorosas que el propio Mauricio Funes ha utilizado para dirigirse a los que él considera sus adversarios. Pero hay más. Hace apenas tres años, muchos de estos defensores del mandatario escribían cosas terribles sobre él, advirtiendo sobre lo que podía ocurrirle al país si ganaba las elecciones. ¿No será que esa acusación de “buscar los propios beneficios” podría adquirir, de pronto, extrañas cualidades de boomerang?</p><p>&nbsp;</p>

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