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Gris20 (1)

Los principales líderes del mundo se dieron cita en la Cumbre del G20 de Hamburgo y reflejaron el decreciente nivel de carisma de la clase política global, lo cual queda confirmado por la ostensible ausencia de personalidades extraordinarias.
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La anfitriona, la incombustible Angela Merkel, sigue tan comedida en su elocuencia como en sus gestos políticos, mientras que la esperada reunión entre Donald Trump y Vladímir Putin no fue más que el encuentro de un magnate adicto a la verborrea con un inexpresivo exagente de la KGB; el primero se muestra totalmente inexperto en el campo de la geopolítica, y el segundo, en esa perpetua e inalcanzable aspiración rusa de convertirse en el hegemón, continúa desperdiciado una inigualable oportunidad de por fin democratizar Rusia.

Por su parte, Xi Jinping hace exactamente lo que China espera de él, ni más ni menos, y el trío latinoamericano conformado por Mauricio Macri, Michel Temer y Enrique Peña Nieto parece salido más de una conferencia empresarial que de un foro de Estados.

La imagen de Europa se completa con un premier italiano, Paolo Gentiloni, que parece estar simplemente cuidándole el puesto a Matteo Renzi, al mismo tiempo que con la imitación deslucida de Margaret Thatcher que interpreta Theresa May y con el monolingüe Mariano Rajoy deambulando solitariamente. Aunque la Unión Europea contó con la dupla formada por Jean-Claude Juncker y Donald Tusk, reeditando la de José Manuel Durão Barroso y Herman Van Rompuy, en tanto uno gozaba de una mínima capacidad de búsqueda de consenso y el otro aparecía siempre en un segundo plano como un opaco asistente.

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