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Gris20 (y 2)

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A priori brotan dos excepciones: Justin Trudeau y Emmanuel Macron, si bien su cosmopolita y jovial frescura necesita un amplio recorrido para desprenderse de la mera postura; Macron ya ha dado señales de ser un pragmático animal político con claras intenciones: ve más allá de la personalidad y las competencias de Donald Trump, y se presenta como su principal interlocutor europeo; en vez de enfangarse en las desavenencias ideológicas, utiliza el poder estadounidense y las debilidades de su presidente para reclamar el liderazgo de Europa.

Ante la huida británica y con una Alemania que, pese a su gigantismo económico, todavía no se desprende totalmente de su enanismo político, emerge una oportunidad para Europa y para Francia, país que, además de mantener una vocación de potencia militar, queda como el único miembro de la Unión Europea con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Con los movimientos de Macron aún por verse, si la falta de carisma del resto significara que el mundo de hoy tiene facilitadores o enlaces profesionales en lugar de caudillos empeñados en quedar incrustados en la historia, esto sería una buena noticia. Sin embargo, asoma la sensación de que verdaderamente el G20 no ha mostrado ni lo uno ni lo otro, sino que el elenco de líderes mundiales más gris de los últimos tiempos.

Entre la sobria gestión del primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, y la visión global de Emmanuel Macron, surge, ni gris ni iluminado, el líder que se necesita hoy.

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