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Guatemala y su nuevo presidente ¿más de lo mismo?

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Alberto Arene

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Esta semana tomó posesión como presidente de Guatemala Alejandro Giammattei, familiar de los Giammattei salvadoreños, quien declaró a nuestro presidente que construirán juntos "muros de prosperidad". Con la lamentable y provinciana creencia que lo que suceda aquí se origina solamente aquí, solo le atribuimos a Estados Unidos capacidad de incidencia, sin saber que el destino de nuestros vecinos es también el nuestro. Y el de Guatemala es, probablemente, el más importante para los salvadoreños.

Así lo demuestra la historia, desde la Capitanía General hasta el golpe de Estado contra el presidente Jacobo Árbenz impulsado por la United Fruit Company (que inauguró en los medios liberales de Estados Unidos los "fake news" para favorecer sus intereses) y ejecutado por la Central de Inteligencia de Estados Unidos y el Departamento de Estado liderados por los hermanos Dulles.

Árbenz fue un militar cuyo proyecto era impulsar una democracia capitalista, inspirada en la experiencia y modelo de los Estados Unidos, habiendo sido transformado por las ideas y relaciones democrático-progresistas de su esposa, la salvadoreña María Cristina Vilanova, de las familias más connotadas de nuestro país.

Así lo confirma el gran novelista y Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosas quien al presentar su novela "Tiempos Recios" en Guatemala, a principios del mes pasado, subrayó que las consecuencias de la salida de Árbenz fueron trágicas para Guatemala y desbordaron las fronteras centroamericanas y el efecto se expandió por toda América Latina. "De ser otra la historia, no hubiéramos tenido esos 50 años de tragedias espantosas...". Para quienes no lo sepan, el novelista Vargas Llosa es un demócrata liberal, adversario declarado de comunistas, Castro-chavistas y de toda la nomenclatura de los llamados socialistas del siglo XXI...

Y si nuestra historia es una tragedia, la de Guatemala lo es mucho más habiendo ejercido una influencia determinante sobre la nuestra, desde el conservadurismo de sus élites oligárquicas hasta el enorme poder de los militares que en dicho país, contrario al nuestro, pareciera mantenerse intacto. Su institucionalidad democrática es mucho más débil con poderes fácticos mucho más poderosos que siguen sometiendo el avance democrático e institucional del país.

Tres de sus últimos cinco presidentes terminaron en prisión y el saliente podría ser el cuarto. El mismo que –literalmente– de payaso terminó de presidente montándose sobre la indignación ciudadana contra la corrupción develada gracias a la CICIG a la que odió de presidente y finalmente expulsó. Su último legado fue retrasar 5 horas la toma de posesión para que asumiera como diputado en el Parlamento Centroamericano inmediatamente después de que salió de presidente y pudiera continuar gozando de inmunidad asegurando que su proceso de antejuicio continúe engavetado en el Congreso.

José Rubén Zamora, el periodista y dueño de El Periódico que ha denunciado por más de dos décadas la corrupción y los asesinatos del crimen organizado vinculado a políticos, militares y al narcotráfico, le dedicó ayer un artículo al nuevo congreso al que denominó "Retrato hablado de una alianza criminal", donde cuenta quiénes son cada uno de los congresistas que integran la junta directiva del congreso de la república... "este genuino ‘dream team’ de la narcocleptocracia...".

Con un territorio nueve veces más grande que el nuestro, y una población que se aproxima a los 18 millones de habitantes, casi tres veces la nuestra, Guatemala nos supera con mayores índices de pobreza, analfabetismo, desnutrición infantil y desigualdad, y menores índices de desarrollo humano, pero con un mayor PIB promedio anual de crecimiento en la última década (3.49 %) y una deuda pública mucho menor (25 % del PIB).

Si bien el nuevo presidente ha declarado que priorizará la lucha contra las pandillas, la corrupción y el narcotráfico, e impulsará muros de prosperidad, solo podrá gobernar con la alianza legislativa descrita por Zamora.

Ojalá nos equivoquemos, pero nada indica que el nuevo presidente gobernará con funcionarios y alianzas sociales y legislativas diferentes de las que han tenido los últimos gobiernos. Por eso y más, creemos que será más de lo mismo.

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