Guerra con algodones

Su misión consistía en aliviar el dolor de los combatientes de la guerrilla. La mayoría de sus integrantes fueron campesinos y mujeres, apoyados por un grupo de profesionales, médicos y paramédicos, provenientes de México, Chile, España, Italia, Alemania, Estados Unidos y, desde luego, El Salvador. Ellos fueron los médicos y paramédicos guerrilleros. Su experiencia comenzará a conocerse gracias a la publicación de un libro.
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<br /><p> “La otra cara de la guerra: salvar vidas” (Fundabril, 2012) se presentará este viernes en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE). El libro relata el complicado proceso de formación del sistema de sanidad que funcionó en las zonas de guerra de Cinquera (Cabañas) y Chalatenango entre 1981 y 1992. Está construido a partir del testimonio de aquellas mujeres y hombres que libraron batallas usando algodones.</p><p>Todos pasamos por sus improvisados consultorios y nos pusimos en sus manos con la certeza de que iban a hacer todo lo posible por aliviarnos y salvarnos. En el cumplimiento de sus deberes, “con inocencia y pureza”, como reza el Juramento Hipocrático, no pocos perdieron la vida.</p><p>Parte de la importancia del libro radica en la puesta en limpio de una experiencia que a los ojos de cualquier persona podría parecer una tarea poco menos que imposible y fuera de toda lógica. La publicación expone las etapas, la lógica y los factores que intervinieron en aquel proceso. Los autores han conseguido recuperar un conocimiento y una práctica únicos.</p><p>A pesar de que la historia militar y los enmarañados juegos políticos suelen despertar más atención y curiosidad, un libro como este ayuda a entender el “lado humano” de la batalla. Cuando aludo a esa parte humana no pretendo presentar de manera candorosa un conflicto cuya prioridad inmediata era la aniquilación y desmoralización del antagonista. Por el contrario, creo que este documento nos pone frente al espejo de la brutalidad más atroz, pero mostrando los triunfos de la misericordia y el bien.</p><p>El primer sistema sanitario surgió en los años setenta, fue urbano y estuvo destinado a atender a personas heridas durante las protestas populares. Fue, como se describe en el libro, una estructura clandestina con asiento en casas y clínicas privadas, que recurría a médicos y estudiantes de medicina.</p><p>Su mayor desafío comenzó después de 1981, cuando las acciones se trasladaron a las zonas rurales. Fue allí en donde jugaron un papel clave profesionales de la medicina venidos de los cuatro puntos cardinales. Ellos no solo desplegaron y aplicaron conocimientos médicos más desarrollados, sino que también crearon estrictos protocolos médicos adaptados a las condiciones propias de una guerra irregular.</p><p>Jóvenes, a menudo semianalfabetas, asimilaron conocimientos sobre anatomía humana, los sistemas digestivo, nervioso y circulatorio, e incluso sobre odontología y farmacología. También les tocó el duro papel de consolar a heridos y moribundos que no contaban con el apoyo de sus familias desplazadas por causa de las operaciones de guerra. Fueron curadores y sanadores; hermanos y hermanas; y también padres y madres.</p><p>A comienzos de la década de los años noventa ese sistema de sanidad amplió sus actividades a favor de la población civil que habitaba en las zonas de guerra, y que por siglos había estado excluida de servicios médicos básicos.</p><p>Su trabajo fue hacernos más soportable la guerra. Esa lección de ternura es el mejor alegato a favor de la razón y la no violencia, y la prueba viva de lo que somos capaces de hacer cuando nos animan convicciones profundas.</p><p>&nbsp;</p><p> (Lea más en: http://talpajocote.blogspot.com/) </p><p>&nbsp;</p>

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