Guillermo Manuel Ungo

<p>La filósofa María Cortina ha dicho que uno de los grandes desafíos del siglo XXI es conseguir que la gente con poder también tenga ética. La política ejercida con principios éticos es vital para que una sociedad progrese y produzca bienestar a sus miembros. El panorama es desalentador. Pero cuando se conoce la trayectoria de una persona como Guillermo Manuel Ungo parece posible.</p>
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<p>Ungo protagonizó un esfuerzo inédito en la política salvadoreña a lo largo de treinta años. Después de cursar estudios superiores en Estados Unidos fundó el MNR, el primero (y hasta ahora único) partido socialdemócrata del país, que reunió a un pequeño grupo de intelectuales, poetas y profesionales a quienes se denominaba la “izquierda exquisita”.</p><p>Su debut en la política fue en 1960, apoyando la junta de gobierno en la que figuraban Fabio Castillo Figueroa, René Fortín Magaña y Ricardo Falla Cáceres. En las décadas que siguieron este abogado y profesor universitario sufrió persecución y exilio por su oposición al autoritarismo militar. Hasta la imprenta familiar, fundada por sus padres, fue objeto de un atentado con explosivos. Tuvo suerte. Muchos de sus colegas, correligionarios y amigos, entre ellos los sacerdotes jesuitas, fueron asesinados en aquellos años terribles.</p><p>Acaba de publicarse su biografía, “Guillermo Manuel Ungo. Una vida por la democracia y la paz” (Fundaungo, 2012), escrita por el historiador Roberto Turcios. El momento en el que aparece no pudo ser más oportuno, pues el país necesita hacer acopio de ánimos para re enrumbar una práctica política que solo nos acarrea más frustraciones.</p><p>La historia ha sido injusta con el papel que jugaron personas como Ungo en medio del conflicto armado. Su ejemplo, sin embargo, hoy puede servir de inspiración a una generación de políticos realmente comprometidos con el interés del país. Como dijo José Jorge Simán en el acto público de presentación de la biografía, Ungo fue “un político cuya honestidad brilla con mucha más intensidad en estos días en que requerimos mayor moralidad y ética en este campo”.</p><p>&nbsp;</p><p>Su talante intelectual y su olfato político le permitieron sortear y mirar hasta con cierta benevolencia los planteamientos extremistas. Como relata Turcios, con sus trajes completos y sus infaltables cigarrillos largos, Ungo pasaba a los ojos de cualquiera “como un frío hombre de negocios”. Se trataba, sin embargo, de una persona comprometida con la necesidad de transformar El Salvador en un lugar más justo. Fue el principal protagonista de la búsqueda de una solución política a la guerra salvadoreña. Su éxito fue rotundo, aunque no vivió para mirarlo.</p><p>&nbsp;</p><p>En el marco del primer encuentro de diálogo, realizado en octubre de 1984, se produjo un hecho poco conocido. Guillermo Ungo y Rubén Zamora, miembros de la delegación del FDR-FMLN, durmieron en un campamento guerrillero en los alrededores de La Palma. Por la mañana, la tropa guerrillera se formó ante ellos. Turcios relata que uno de los comandantes le dijo a Ungo que ese gesto representaba la disposición de los alzados a subordinarse al poder civil.</p><p>&nbsp;</p><p>En el acto de lanzamiento de su biografía, en el Museo Nacional de Antropología, Román Mayorga Rivas aseguró que de haber sobrevivido hasta nuestros días, Ungo habría tenido la posibilidad de convertirse en el presidente que El Salvador necesita. Nunca lo sabremos. De lo que no dudo es de que su presencia habría ayudado a que los salvadoreños viéramos la política como un ejercicio donde es posible vivir de acuerdo con ideales de justicia. Esta es una de las principales enseñanzas de Ungo: la ética es la base firme para el derecho justo y una política legítima.</p><p>&nbsp;</p>

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