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Había una vez un país...

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Había una vez un país, cuya democracia era respetada en todo el mundo; había una vez un país, cuya economía era floreciente y fuerte e iba camino a salir del tercer mundo; había una vez un país, que políticamente era respetado en todo el continente americano y en muchas partes del mundo; había una vez un país en el que sus Fuerzas Armadas se preciaban de ser las más democráticas del continente americano; y una población orgullosa de su país, pero... Un día sus políticos se corrompieron, los partidos políticos tradicionales dejaron de responder a las expectativas del pueblo y entonces... dio paso a que la población escuchara los cantos de sirena de un líder populista, que llegó al poder y destruyó todo lo bueno que en muchos años se había logrado, convirtiendo a este país en una dictadura; un país pobre; un país políticamente irrespetado; unas fuerzas armadas vendidas, pretorianas, antidemocráticas y antipopulares; y una población tratando de salir de sus fronteras buscando una vida mejor. Pareciera que estamos contando un cuento, pero esta es la realidad de un país llamado Venezuela.

Desafortunadamente, este país ha querido ser el faro que ilumina a nuestros gobernantes y ahora El Salvador se encuentra en un camino muy parecido al que hemos contado; sin embargo, creo que aún estamos a tiempo de enmendar el camino y buscar en forma democrática un cambio que pueda resolver nuestros problemas sin necesidad de caer al fondo que ha caído nuestro hermano país.

Dice un viejo refrán: “Si rasuran al vecino, pon tu barba a remojar” y este es el caso que ahora estamos enfrentando, tenemos un ejemplo muy claro de lo que nos puede pasar si seguimos en la vorágine de la corrupción, si continuamos los caminos antidemocráticos para solucionar nuestros problemas, estamos a tiempo de enderezar el rumbo. La corrupción de la partidocracia ha sido un mal endémico, pero si vemos el ejemplo de Venezuela, no son los iluminados quienes nos pueden salvar, creo que la solución es tener unas instituciones fuertes que puedan controlar a los gobernantes, a los políticos y a todos aquellos que detenten una forma de poder. Se debe de controlar a aquellos que aun no estando en el gobierno sean corruptores de los funcionarios, se debe de buscar tener una Corte Suprema de Justicia, verdaderamente independiente de los partidos políticos; una Corte de Cuentas, independiente y proba; una Fiscalía General capaz de llevar a juicio a todos los corruptos, vengan de donde vengan y un sistema de justicia verdaderamente limpio como para que se pueda confiar en este. Parecería una misión imposible, pero creo que en El Salvador, todavía hay buenos ciudadanos que pueden ayudarnos a encontrar esas soluciones, creo que no todo está perdido, creo que si queremos salvar la patria debemos de recurrir a personas e instituciones que nos puedan dar esos resultados, veamos los que se tuvo en Venezuela y podremos entender que las soluciones no pasan por esos caminos.

Si no queremos ver un país MÁS destrozado, debemos de tomar las medidas necesarias para solucionar nuestros propios problemas, no debemos de copiar a nadie, no debemos de buscar faros que nos iluminen, no debemos de buscar medidas afuera, debemos de concentrarnos en encontrar una salida, democrática y a la salvadoreña para no andar después sufriendo consecuencias de errores que se pudieron solventar a tiempo.

Que Venezuela pueda pronto solventar su crisis, que puedan encontrar la salida a todos sus problemas y le agradecemos por habernos mostrado que el camino que siguieron no fue el adecuado y no debemos de seguirlo.

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