Hablar bien de El Salvador

Destaca una frase del expresidente Saca en su eslogan radial: “Hay que hablar bien de El Salvador”... ciertamente concuerdo con esa frase.
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Todos los días nos hace falta decirnos eso a nosotros mismos porque no es por nada, si nuestro país exportara pesimistas seríamos uno de los primeros países productores en el mundo.

Somos el reflejo de lo que proyectamos. Como un espejo, si estamos contentos proyectamos alegría; si estamos enojados, obtenemos lo mismo; si estamos deprimidos, gris será lo que nos rodee, etcétera.

Es la hora de que El Salvador despegue. De que se aproveche las oportunidades. Desde la geografía, que nos coloca como vecinos cercanos de la primera potencia mundial, hasta la demografía, que hace de El Salvador un país de jóvenes; un país con un bono demográfico todavía por algunos años más. En su mayoría, los reportajes del exterior hablan de nuestro país de los muertos y las maras que demuestran con cifras la ola de violencia e inseguridad que vivimos todos los salvadoreños, que si bien es cierto existe una disminución en las cifras de homicidios, no debemos alegrarnos en tanto cuanto se da principalmente por una frágil tregua entre pandillas.

Si habláramos bien de El Salvador, contribuiríamos todos a ser reflejo hacia afuera de lo que somos adentro, exaltando nuestros atributos y retos.

Esos retos deben tener tres llaves maestras: la primera, la construcción de los acuerdos políticos para lograr la gobernabilidad y desentrampar una agenda de nación. La segunda, el diseño y la aplicación de una política macroeconómica capaz de lograr el crecimiento en medio de la ominosa crisis global que amenaza con persistir durante los próximos años. La tercera, poner en marcha una política industrial que permita atraer grandes inversiones de contenido innovador y conectarnos sin demora con los sectores y las regiones que emergerán como líderes de la siguiente etapa de crecimiento global.

Para alcanzar estos objetivos será necesario rediseñar los sistemas de pensiones, seguridad social, prevención y atención sanitaria, para que integren un sistema nacional de atención universal integral, sin elevar la carga tributaria sobre las actividades de alta productividad y su contribución al crecimiento. A esto, sumarse un conjunto de políticas encaminadas a expandir aceleradamente la oferta de servicios educativos, tanto pública como privada, elevando su calidad y relevancia productiva, así como su contribución a la expansión del acervo nacional de habilidades y conocimientos. La gran interrogante es si la alternancia de las próximas elecciones cualquiera que sea el partido que gobierne en 2014 logre aproveche la hora de El Salvador.

El Salvador contará hacia el exterior si se refuerza internamente. Debe de arrancar con un pacto entre todas las fuerzas vivas del país, con la esperanza y el optimismo de sacar al país adelante y por consecuencia a miles de salvadoreños de la desesperanza y del pesimismo, con una perspectiva de un futuro promisorio y alentador.

Esa será la hora de El Salvador si realmente se asumen actitudes democráticas, si los partidos de oposición y el oficialista aprenden a trabajar a partir de consensos, y si quienes no están contentos con el poder reclaman y exigen con prudencia.

Porque la coyuntura nacional es compleja y presenta riesgos severos, el ánimo de todos los actores del proceso político, sean estos políticos o no, debe ser por necesidad sereno y ecuánime.

La continuada viabilidad como nación soberana y democrática, la reconstrucción de su prestigio internacional, la recuperación del crecimiento y la apertura de nuevas oportunidades son tareas urgentes en las que todas las fuerzas políticas deben colaborar.

Nada más. Pero nada menos.

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