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Hace más de 25 años

Uno de estos días, conversando con un buen amigo, excompañero del ERP, este me decía: “Es increíble que hayan pasado 25 años desde de que se logró la firma de los Acuerdos de Paz”.
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Y, en el desarrollo de la conversación, yo le comentaba que ahora muchos dicen que la guerra no sirvió para nada, que la situación política y social sigue estando igual o peor que antes. Y que algunos se atreven a ir más allá, diciendo que estamos ante un nuevo gobierno dictatorial. Nada más alejado de la verdad. Los que hacen estas afirmaciones, o no conocen, o no quieren reconocer, que nuestra historia siempre ha estado cargada de violencia, inestabilidad política, pobreza, injusticia social y falta de democracia.

En el siglo XVI, con el descubrimiento de América, los españoles nos conquistaron, nos diezmaron y nos esclavizaron. En el siglo XIX, con la Independencia de América del dominio español, entramos a un régimen feudal, en el que la mayoría vivía en la extrema pobreza y trabajaba casi únicamente por la comida diaria, en las haciendas de añil y café. Luego, en el siglo XX con la consolidación de la República, entramos durante las primeras décadas del siglo a una dictadura militar, que inició con la masacre de decenas de miles de indígenas y trabajadores en 1932. Y finalizó en octubre de 1979, con el golpe de Estado en contra del general Carlos Humberto Romero. Este hecho marcó el inicio de la guerra civil salvadoreña, que tuvo su primer pico de confrontación militar en enero de 1981.

En la década de los setenta, en la antesala a la confrontación militar, vivimos una enorme convulsión política social, que generó: el asesinato de prominentes empresarios y líderes de la derecha política del país, por el naciente movimiento guerrillero; la captura y tortura hasta la muerte de dirigentes de la izquierda, y el asesinato de miles de maestros, estudiantes, obreros y campesinos, en centenares de masacres, por el ejército y los cuerpos de seguridad. En cuanto al estado de la democracia política, esta era prácticamente inexistente, pues la Asamblea Legislativa y la Corte Suprema de Justicia eran conducidas, junto al Gabinete de Gobierno, por el presidente de la República, que siempre era un militar. Y cuando, a pesar de las amenazas y asesinatos en contra de la oposición perdió las elecciones el partido oficial, como sucedió en las presidenciales de 1972 y 1977, entonces fueron impuestos el coronel Molina y el general Romero, respectivamente, a sangre y fuego, con sendos fraudes electorales.

Luego, vino la historia ya conocida por la mayoría de salvadoreños con más de cuarenta años. Entre 1980 y 1992, vivimos una cruenta guerra civil que causó entre ochenta y cien mil muertes, y centenares de miles de desplazados, dentro y fuera del país. En este conflicto, las muertes que más conmovieron al mundo fueron las de los religiosos: al inicio de la guerra, el asesinato del arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero por escuadrones de la muerte, en marzo de 1980; y al final, el asesinato de seis sacerdotes jesuitas por el ejército, en el marco de la ofensiva de noviembre de 1989. En el próximo artículo me referiré a la situación actual.

Tags:

  • acuerdos de paz
  • democracia
  • injusticia social
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