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Hacer un incremento salarial sin tomar en cuenta las condiciones reales del país no sólo es atentar contra el sostenimiento productivo sino contra las intereses de la gente

Es una irresponsabilidad totalmente injustificable el tomar este tipo de decisiones sin consultar en serio a los sectores productivos, que no sólo merecen respeto sino también acompañamiento en sus esfuerzos por producir más y mejor.
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A nadie escapa que nuestro país se encuentra en una situación económica crítica que afecta a todos los sectores nacionales y que nos tiene en aflictiva desventaja en relación con los otros países del entorno. Múltiples voces tanto del ámbito nacional como de las esferas internacionales vienen haciendo al respecto recomendaciones orientadoras en el sentido de que el país entre en una nueva ruta de crecimiento sostenible sobre la base del esfuerzo armonioso de los diversos sectores políticos, económicos y sociales. Esto implica entenderse de veras en todos los aspectos a fin de ya no seguir en la conflictividad y en el deterioro.

Pero en el campo de los hechos lo que se está viendo es lo contrario de lo que tendría que ocurrir, y el principal obligado a gestionar el avance en la nueva ruta, que es el Gobierno en funciones, muestra crecientes señales de estar más interesado en promover la demagogia preelectoral que en tratar en serio la problemática del país. El signo más reciente de ello es el arbitrario aumento del salario mínimo, que se hace en forma inconsulta y atropellada, con el evidente propósito de ganar voluntades de momento sin ponerles ninguna atención a los efectos contraproducentes que una medida de esa índole acarreará para todos.

Es una irresponsabilidad totalmente injustificable el tomar este tipo de decisiones sin consultar en serio a los sectores productivos, que no sólo merecen respeto sino también acompañamiento en sus esfuerzos por producir más y mejor. Hay ya graves dificultades de financiamiento y de confianza, y con impactos como el que señalamos de seguro las cosas van a ir de mal en peor. Las autoridades gubernamentales están jugando al desastre, y los signos de ello ya comienzan a verse con alarma en el ambiente. Para el caso, algunas empresas maquileras, que generan gran cantidad de empleos, anuncian que se retiran del país en busca de condiciones más seguras.

Una de las áreas que sin duda saldrán más golpeadas es el área agrícola. Ya había grandes problemas por falta de incentivos, por trastornos ambientales y por inseguridad creciente, y ahora el tsunami salarial puede ser el golpe de gracia. ¿Quién va a financiar ese incremento sorpresivo? Es perfectamente previsible que muchos empresarios de distintos niveles tengan que salir de la producción, con las derivaciones devastadoras que eso traerá consigo. ¿Cómo es posible que no se midan las consecuencias que están tan a la vista? ¿Por qué ni siquiera se quiso acudir a la gradualidad en el aumento para dosificar la carga por venir?

En el caso del parque cafetalero esto viene a golpear a fondo. Después de ser, hace tiempos, uno de los primeros productores mundiales, hoy nos hallamos a la cola. Basta un ejemplo: Honduras está produciendo 10 millones de quintales al año mientras nosotros no llegamos ni a un millón. Y el Gobierno y su partido se tomaron la absurda libertad de rechazar el apoyo estadounidense para la recuperación cafetalera que tanto ha beneficiado a Honduras. Es indispensable, entonces, continuar martillando sobre esta clase de desatinos, que hacen desconfiar aún más de la gestión gubernamental cuando hay mayor urgencia de que ésta sea responsable y eficiente.

Si se desactiva la productividad rural y se complica más la productividad urbana los fenómenos delincuenciales se incrementarán exponencialmente. Hay que evitarlo a toda costa, para no llegar a situaciones tan desastrosas como la de Venezuela, que es el mejor espejo del populismo destructor.

Tags:

  • conflictibidad
  • salario minimo
  • demagogia
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