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¿Hacia dónde vamos?

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Gracias a la bondad de LA PRENSA GRÁFICA he tenido la oportunidad de expresar ideas y pensamientos. Diversos amigos me dicen que los leen y que a algunos les agradan y a otros no. Preguntan con curiosidad: ¿por qué escribes? Porque es mi catarsis ante las crisis socio-políticas y cívicas que vivimos; mi salida a las frustraciones y en menor número a las admiraciones de las actitudes humanas, de personas públicas por su desempeño como funcionarios responsables del rumbo de nuestro país.

Luego, la crítica: ¿Por qué no escribiste de las injusticias del pasado? Mi respuesta: no lo sé. Ahora siento la necesidad de expresarme y lo hago sin temor a las críticas o a las animadversiones que pudieran acarrear mis ideas. Para los que ya vivimos tanto como yo, no hay temores que no se puedan manejar, incluso ha desaparecido el temor a la muerte por tener claro que hay otra vida y en ella estaré mejor.

Sigue la sugerencia: ¿Por qué no tratas este, aquel u otro tópico? Cada uno quisiera que se diga algo sobre el tema que le parece más relevante, pero yo opino que sus ideas las debiera expresar cada uno y no pedir a otro que lo haga en su lugar.

Entonces, pregunto a mis amigos: ¿Y tú por qué no lo haces? ¿Cuál es el miedo? Siento que escribir mis ideas y exponerlas a la consideración pública es el arma de que dispongo para luchar por cambiar las cosas y sentado frente al teclado estoy en la trinchera desde la cual lanzo el fuego que pretende incidir en el cambio imperioso de nuestra situación actual.

Lo he dicho antes y lo repito: vivimos en un caos total en lo social, en lo ciudadano, en lo jurídico, en lo económico, en la salud, en lo político, en la honestidad, en la impunidad, en los abusos de autoridad, en el cinismo y descaro de algunos –la mayoría– funcionarios públicos, en el tráfico vehicular, en el ordenamiento de las calles citadinas... Si tenemos tal conciencia, nos vemos impelidos a tomar acciones que favorezcan el cambio; esto se traducirá en actuar cada uno desde su metro cuadrado de influencia social orientando pensamientos y conductas.

El himno francés, la Marsellesa, clama: a las armas, ciudadanos, formad vuestros batallones... Esa maravillosa letra que llama a tomar acción a la ciudadanía no se refiere necesariamente a las armas de fuego o corto contundentes; en el mundo moderno se refiere a tomar cada uno su forma de luchar para salvaguardar a la patria en peligro y eso lo podemos hacer cada uno de los salvadoreños con amor patrio, pues nuestro trabajo mismo es un arma cívica sin que se pueda descartar, por el rumbo que llevan las cosas, un estallido social que antes he mencionado como el reventar del polvorín en el que estamos sentados.

Urge más la toma de conciencia ante la actitud desestabilizadora de funcionarios-políticos llamando al desacato de las resoluciones de la Sala de lo Constitucional de la CSJ. El pueblo sí tiene derecho a la insurrección por total incapacidad de gobernar o una tiranía que rompa el orden constitucional, no un partido político. Sería el estallido social del que hablamos en todos los corrillos y no el llamado del partido político en el poder actualmente, ya que eso sería un golpe palaciego, una argucia y una trampa política.

Se ha dicho que se necesita una nueva izquierda y mi opinión es que ni nueva izquierda ni nueva derecha sino una clase política diferente, honesta, decente, con idoneidad, capacidad intelectual y verdadero amor a El Salvador. Será la unión de los desencantados de todas las banderas políticas lo que nos salvará del caos actual.

Bienvenido el Paladín que nos unifique.

Tags:

  • impunidad
  • sala constitucional
  • conciencia
  • clase politica

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