Hacia el 2016...

Recién escuchaba al presidente Sánchez Cerén decir: “Vamos por el rumbo correcto”, postulado que genera preocupación viniendo de un líder que no es, o no debería ser, un gestor pues asume un rumbo definido cuya legitimidad yace en acciones pasadas y la calificación de correcto asegura la continuidad, casi dogmática, de dichas acciones.
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La situación de un país es dinámica, los entornos por naturaleza cambian todos los días: el entorno político, la jurisprudencia, el entorno económico, el tecnológico, el socio cultural y educación, el internacional. Un líder gestiona los cambios en dichos entornos y persuade, nunca impone a sus liderados que la estrategia a seguir y las acciones a ejecutarse son las correctas –no busca consensos, los construye.

Bien decía George Bernard Shaw: “Adquirimos sabiduría no por rememorar el pasado, sino por las responsabilidades del futuro”. Pues bien, los salvadoreños queremos un sentido de dirección claro y transparente, una estrategia. Queremos acciones coordinadas, soluciones que generen resultados sostenibles; ya no queremos escuchar la hoy célebre frase “y vamos a...” ¡no! Hágalo y entonces nos cuenta. Algunas de las cosas que nos gustarían en el entorno político: no permitir la reprensible injerencia de diputados y dirigentes partidarios en la toma de decisiones del Ejecutivo, mucho menos cuando las decisiones ya han sido tomadas y anunciadas. ¿Cuál es la estrategia para mejorar las relaciones con la oposición? Un verdadero líder es humilde, busca al adversario y extiende la mano de manera sincera ¿Por qué? Porque El Salvador es primero. En jurisprudencia: ¿Qué iniciativas de ley o de acción está contemplando el Ejecutivo en beneficio de nuestro querido El Salvador? Ejemplo: limpie el aire. ¡Adiós, buses viejos!; limpie las calles de nuestras ciudades; limpie la subcuenca del río Acelhuate... El Salvador se lo agradecerá y recordará su legado con buen sentimiento y afecto.

En el entorno económico: ¿Cuándo le va a meter los “bulldozers” a las aduanas terrestres?; ¿crear verdaderos lazos de cooperación con la gran empresa con miras al desarrollo sostenible?; ¿desregular la economía y desmarañar esa vorágine llamada burocracia –esencial alimento de la corrupción?

En materia económica: no se puede permitir lo ideológico, aprovechemos lo que tenemos, si no caeremos en los fútiles esfuerzos de vender café en China, equivalente a vender carne de res en India, puerco en Israel, o hielo en Rusia. El tecnológico: ¿Cuándo tendremos una cooperación, planificada y liderada por el Ejecutivo, entre nuestras instituciones de educación superior y nuestras industrias? En el socio cultural y educación: Se necesita una reingeniería de la Secretaría de Cultura, seamos francos, es un sendo relajo; pongámonos serios con lo del idioma inglés. La educación virtual necesita definición y ejecución apropiada; cuidado con las laptops en el aula, pueden ser una espada de dos filos si no se despliegan de manera planificada en términos de su propósito y supervisada en términos de su ejecución.

En el entorno internacional: ¿Cuál es la estrategia para mejorar las relaciones con Estados Unidos? No se puede permitir que funcionarios, en su calidad de tales, expresen opiniones ideológicas, de épocas hoy jurásicas, que no concuerdan con la postura oficial; como ciudadanos comunes y corrientes pueden decir las sandeces que quieran, somos un país libre, pero no como funcionarios.

¿Cuándo permitiremos el libre paso de todo ciudadano centroamericano? ¿Como entre cualquier estado de Estados Unidos? Es vergonzoso ver la persecución de hermanos centroamericanos en nuestro territorio, exigirles el equivalente a la “green card”. ¿Cuándo nos retiraremos de ese monumento a la desintegración centroamericana bien llamado SICA (algo así como un malevolente virus)? ¿Qué exigimos?

Una dirección clara, acciones congruentes, resultados palpables y sostenibles. Dios, Unión, Libertad.

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