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Hasta siempre, Carrillo

Uno de los libros que más estremecieron mis años soviéticos, y no solo los míos, fue “Eurocomunismo y Estado” del entonces secretario general del Partido Comunista Español, Santiago Carrillo, que, clandestinamente, circuló por las “obscherritias” (residencias estudiantiles) en la ciudad de Kiev, entre los estudiantes latinoamericanos que por entonces nos formábamos en la otrora Unión Soviética. Por cierto, el otro libro que conmovió mis acerados principios me fue entregado por un “tavarich”, que ahora es uno de los más eficientes viceministros del actual gobierno, se trata de “Revolución en la revolución y la crítica de derecha” de Roque Dalton García, editado en 1970 en La Habana.
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Hasta siempre, Carrillo

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<p>david_hernan[email protected]&nbsp;</p><p>Los planteamientos esbozados por Carrillo en sus tesis eurocomunistas, leídos subrepticiamente bajo las mortecinas luces de las madrugadas ucranianas, eran una declaración no solo de principios de un socialismo democrático acorde a la modernidad sino una declaración de independencia respecto a la ortopédica línea prosoviética de la dictadura del proletariado pregonada entonces por todos los partidos comunistas del mundo, cuya capital era Moscú, su Dios Lenín y su Papado ejercido por el omnipresente Partido Comunista de la Unión Soviética.</p><p>Es cierto, y lo pude comprobar en mis años alemanes con los anarquistas y los jóvenes globalizadores del antistablishment, con Carrillo aprendí que la clase obrera no necesariamente es la vanguardia revolucionaria en un mundo multiforme, sino que, como lo afirman los ácratas germanos, la vanguardia serán siempre los desposeídos, los pobres que nada tienen que perder, solo sus cadenas, para decirlo en palabras de los clásicos marxistas.</p><p>Pero no solo en la caracterización del sujeto de la revolución, sino además en la importantísima definición de los actores de la misma, fue donde el eurocomunismo jugó un papel de primer orden, dando un revolcón completo a las tesis del centralismo democrático neostalinistas predominantes en esos años 70.</p><p>Los PC de España, Italia y Francia mostraron al mundo que el modelo del socialismo real del bloque de Europa Oriental tenía graves fisuras en sus mismas entrañas, que lo llevarían lustros más tarde a su autodesintegración. La postura de dichos partidos condenando la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia a Checoslovaquia para aplastar la “Primavera de Praga”, así como la condena a la intervención del Ejército Rojo en Afganistán, fueron solo uno de los botones de muestra de dicha confrontación.</p><p>Asimismo, el acercamiento que propugnaron a la China comunista, en esos años duros de la confrontación sino-soviética, fue una saludable muestra de independencia ideológica y de respeto a las respectivas “vías nacionales de la construcción del socialismo”. Hoy, la vida nos ha demostrado que “los chinos” tenían la razón y se aprestan a ser la megapotencia del siglo XXI y XXII, por lo menos. Santiago Carrillo y Enrico Berlinguer, líder del PCI, oficializaron en marzo de 1977, en Madrid, junto con Georges Marchais, las líneas maestras de un socialismo democrático europeo-occidental, que pregonaba la reformulación de la vanguardia revolucionaria y la aceptación del modelo democrático pluripartidista. Ha muerto como vivió, con la convicción de no rendirse jamás, con el “no pasarán” antifascista de la defensa de Madrid durante la Guerra Civil. “Contigo, Carrillo”, fueron las flores para su epitafio que le envió Jaime Sabines.</p><p>&nbsp;</p>

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