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Hay considerables avances en el área de seguridad pública

Se empieza a ver que la PNCva haciendo su trabajo con más eficiencia. Esto hay que potenciarlo. No hay que rechazar lo nuevo, sobre todo cuando se viene de reiterar lo viejo sin resultados.
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<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>El tema de la inseguridad ciudadana viene estando en la primera línea de la problemática nacional desde hace ya bastante tiempo. El crimen organizado y las pandillas son factores fundamentales del estado de inseguridad imperante. El mal se dejó crecer, desde los inicios de la posguerra, hasta tomar proporciones incontrolables. Y la primera reacción, mecánicamente autodefensiva, fue aplicar medidas de lucha superficial, como los tristemente célebres programas de “mano dura”. Había que hacer un reenfoque mucho más realista de dicha problemática, y eso es lo que pareciera estar en la base de lo que ahora se está viendo surgir en el ambiente.</p><p>En el tema específico de las pandillas, las autoridades encargadas de la lucha contra la criminalidad en el terreno llegaron a la conclusión de que un muy elevado porcentaje de homicidios provenían de la guerra permanente entre las mismas. Era, pues, indispensable, como señala el Ministro de Justicia y Seguridad Pública, incidir en esa área específica; y el primer escalón de tal incidencia es la tregua entre las dos pandillas principales, lograda en marzo pasado. El punto es polémico por su propia índole; y de seguro para evadir un tanto la polémica se dejaron muchas explicaciones al margen. Lo cierto es que hay un hecho real, que se mantiene en pie y que ha producido resultados. </p><p>Es muy importante destacar, a estas alturas y con la realidad moviéndose en el día a día, que un problema como el de las pandillas trasciende en mucho las meras cuestiones de seguridad pública. Aquí hay un nudo gordiano de naturaleza social, que no se puede evadir. Hay que preguntarse, de entrada: ¿Qué es lo que hace que tantos niños y jóvenes lleguen, en el inicio de sus vidas, a tomar esta opción en el límite que podría resumirse en un dilema: matar o morir? Algo está fallando en la entraña de la sociedad para que cosas como esta se den. En definitiva, lo que hay que hacer es ir creando condiciones para tratar de veras las causas de los males que nos aquejan.</p><p>Las cifras de homicidios están ahí, aunque haya dudas sobre otras cifras, como las de desapariciones. Y las cifras indican que en los seis meses transcurridos este año desde que se dio la tregua entre pandillas el número de homicidios ha disminuido en 1,200, en relación con 2011. Este solo dato debería mover voluntades hacia el esfuerzo de hacer que la dinámica emprendida vaya tomando forma y pase de ser el momento inseguro de una tregua a la configuración de un proyecto de seguridad que abarque todos los componentes de este gran desafío. El aporte crítico es, desde luego, mucho más válido que el escepticismo sistemático. </p><p>El proceso emprendido a partir de la tregua debe tener componentes institucionales decisivos. Se empieza a ver que la PNC va haciendo su trabajo con más eficiencia. Esto hay que potenciarlo. No hay que rechazar lo nuevo, sobre todo cuando se viene de reiterar lo viejo sin resultados. La comunidad internacional está viendo este proceso con interés, lo cual abona al fortalecimiento del mismo. Lo más importante es que la dinámica emprendida se mantenga y tome cuerpo de realidad que sea capaz de hacer germinar las soluciones definitivas. Lo que no podemos es volver a las mismas, como si lo que nos pasa fuera una fatalidad irreversible. </p><p>En luchas como esta no hay que perder ni un solo día, porque las flaquezas y los retrocesos se multiplican geométricamente. Hay que avanzar con rapidez responsable, poniendo los hechos cada vez más en claro, para que las desconfianzas no le ganen la partida al proceso. </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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