Lo más visto

Más de Opinión

Hay personajes no sólo recordables por su trayectoria de vida sino rememorables por su legado de destino

Alguna vez, mucho tiempo más tarde, me diría por qué lo había rechazado: "Porque nunca quise ser un candidato de dedo, que después quisieran manejar a su antojo los que están detrás del poder".

Enlace copiado
David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

Enlace copiado

Reflexioné antes de escribir esta Columna, porque había en el tema por tratar dos dimensiones diferentes, aunque engarzadas en una sola experiencia: la dimensión familiar y la dimensión nacional. Me explico: luego de pesarlo un poco, me decidí a hacer el ejercicio expositivo, impulsado por la elocuencia del calendario. El 18 de octubre de este año se cumple el primer centenario del nacimiento de un salvadoreño muy especial: Reynaldo Galindo Pohl, que llegó al mundo en la ciudad occidental de Sonsonate, un día viernes 18 de octubre de 1918, ya en las primeras jornadas de la estación veraniega. Hijo del sonsonateco Héctor Galindo García, odontólogo de profesión, y de la estadounidense de origen alemán Lilliam Pohl Müller, que se dedicaba a la enseñanza de nivel medio en su natal Nuevo México, era el primer hijo de aquel matrimonio de una pareja que se conoció en Armenia, donde él ejercía su labor profesional y a donde ella había llegado a recoger la herencia de un tío alemán que laboró mucho tiempo en la red ferroviaria que por entonces se estaba formando en el país.

A fines de los años 30, doña Lilliam, que era profesora de inglés, se trasladó a vivir a San Salvador con sus dos hijos: Reynaldo y Stella, mi madre. Él comenzó a estudiar en el Colegio García Flamenco y ella en el Instituto Echevers. Luego él ingresó en la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional. Ejerció liderazgo estudiantil llegando a presidir la AGEUS. Y en 1944, en las postrimerías del régimen dictatorial del General Martínez, participó en el liderazgo de la Huelga de Brazos Caídos, un movimiento cívico que hizo caer al Gobierno de 13 años en forma pacífica. En 1948, y luego de que se frustrara el continuismo del General Castaneda Castro, Galindo Pohl, recién cumplidos sus 30 años, llegó a formar parte del Consejo de Gobierno Revolucionario, antes de graduarse. Inmediatamente después pasó a presidir la Asamblea Constituyente que le dio vida a la histórica Constitución de 1950. En ese mismo año se graduó con honores como abogado, siendo su tesis doctoral un ensayo filosófico de gran profundidad titulado "Notas de Filosofía". Y de ahí pasó a ejercer como Ministro de Cultura Popular en el Gobierno de Óscar Osorio.

En 1956, cuando concluyó su gestión ministerial, yo apenas estaba saliendo de la infancia, y vi cuando pasó a ser Juez de Primera Instancia de Quezaltepeque. Es decir, de las estancias superiores del poder a una judicatura en el interior del país. Y lo hizo con la máxima naturalidad. De eso tengo testimonio directo. Y ocurría inmediatamente después de que el Coronel Osorio le ofreciera la candidatura a la Presidencia de la República, que él no aceptó, como tampoco lo haría en otros ofrecimientos posteriores. Alguna vez, mucho tiempo más tarde, me diría por qué lo había rechazado: "Porque nunca quise ser un candidato de dedo, que después quisieran manejar a su antojo los que están detrás del poder".

Luego de ser Juez de Primera Instancia llegó a desempeñar un puesto de mucho relieve en la sede de la UNESCO en París. Y cuando concluyó esa tarea, volvió al país a servir cátedras de Derecho y de Filosofía en la Universidad Nacional. Ahí tuve la suerte de ser su alumno y de constatar así su incomparable capacidad docente. En 1967 partió como Embajador de El Salvador ante la ONU, volviéndose ahí una figura internacional de primer nivel en el campo del Derecho del Mar. Entre sus posiciones posteriores más relevantes estuvo la de ser representante del Secretario General de la ONU en Chipre; y, una vez firmado nuestro Acuerdo de Paz en 1992, la de formar parte de la Comisión encargada de la depuración de la Fuerza Armada.

Lo anterior es un resumen muy escueto de la trayectoria personal de Galindo Pohl. Pero lo que más destaca, con valor permanente, es su ejemplo de conducta profesional y moral, creativa y desinteresada. Lo conocí en la más estrecha cercanía familiar, y puedo dar fe directa de lo que fue y de lo que representó; y desde luego también puede dar el mismo testimonio su único hijo, Francisco, que se destaca en el quehacer diplomático. Hoy, al haberse cumplido un siglo de su nacimiento, las imágenes se reúnen espontáneamente en la memoria; y siento el gratificante imperativo de revivir aquellas vivencias y experiencias, como en un friso sin igual. Galindo Pohl fue y seguirá siendo un referente impecable de la mejor salvadoreñidad. La sencillez de la grandeza y la grandeza de la sencillez marcaron su existencia, que es el legado máximo de quien vino a este mundo a brillar en el servicio.

Ilustración de Moris Aldana

Lee también

Comentarios