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Hay que asegurar la certeza y la confianza en todo el proceso electoral

El objetivo del sistema debería ser garantizar limpieza y eficacia desde el primer momento, no sólo porque eso es lo que la legalidad establecida ordena hacer, sino porque es imperioso prevenir tratamientos y desenlaces caóticos, como los que se dan en el caso hondureño.
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Estamos a escasos 81 días para llegar a la fecha en que se realizarán los comicios legislativos y municipales del 4 de marzo próximo, y lo que se ha venido viendo es una serie de retrasos e inconsistencias en el manejo del proceso electoral por parte de las autoridades directamente encargadas del mismo. La experiencia de 2015 dejó bastantes lecciones que deberían haber servido para emprender con la debida anticipación los esfuerzos concretos para que las elecciones de 2018, y por supuesto también las presidenciales de 2019, fueran más seguras en todo sentido, teniendo en cuenta que nuestro esquema electoral presenta múltiples complicaciones derivadas de las distintas reformas de ley y de los diversos fallos constitucionales que se han presentado en el camino.

Es fundamental asegurar que tanto la configuración de las entidades básicas en el terreno, como son las Juntas Receptoras de Votos, que deben estar formadas por personas sin afiliación partidaria, como los mecanismos de conteo y de formalización de votos estén listos a tiempo y de manera verdaderamente confiable, sobre todo porque en el ambiente circulan muchas dudas y sospechas respecto del comportamiento tanto de las autoridades electorales como del manejo que puedan pretender hacer las fuerzas políticas en contienda. Es preocupante que, a estas alturas, el Plan General de Elecciones para los comicios inminentes siga mostrando inconsistencias injustificables; y lo que habría que hacer cuanto antes es recuperar con celeridad y a la vez con credibilidad el tiempo perdido, para que los resultados finales del evento tengan la solidez que se requiere.

La certeza y la confianza hay que garantizarlas sin evasivas desde el mismo instante en que el ciudadano se acerca a la urna a emitir su voto. Y para ello, la capacitación es absolutamente determinante en todos los niveles. Habría que evitar a toda costa que se produzcan fallas o distorsiones a la hora de recibir el voto y de estructurar las actas correspondientes, porque los vicios más peligrosos siempre surgen en ese nivel. Hay que ponerle mucha atención al conteo, sobre todo si se maneja la opción de hacerlo en forma electrónica, porque eso podría generar distorsiones adicionales, si no se cuenta con una colaboración segura en todo sentido. El objetivo del sistema debería ser garantizar limpieza y eficacia desde el primer momento, no sólo porque eso es lo que la legalidad establecida ordena hacer, sino porque es imperioso prevenir tratamientos y desenlaces caóticos, como los que se dan en el caso hondureño.

Y también hay que ponerle especial atención a la transmisión de resultados, porque ahí también se pueden presentar situaciones conflictivas. La tardanza al respecto siempre es un peligro, sobre todo cuando las diferencias cuantitativas de votos son mínimas, como tantas veces ha ocurrido en comicios anteriores, ya que los ánimos se caldean, con las reacciones imprevisibles que eso puede traer consigo.

Queremos subrayar, entonces, que los comicios por venir van a ser sin duda una verdadera prueba para el ejercicio democrático en el que vamos inmersos. Si todo se desenvuelve con la normalidad esperada, se estará enviando un significativo mensaje de estabilidad para el presente y de cara al futuro. Por ello es vital que las autoridades cumplan a cabalidad con sus cometidos y que la ciudadanía se mantenga en guardia como prioritaria garante del interés nacional.

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