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Hay que asegurar que el sistema judicial cumpla siempre a cabalidad con su tarea

...Es preciso contar con una judicatura en la que la preparación técnica sea de primer nivel, la consistencia moral esté efectivamente asegurada y los componentes organizativos se hallen a la altura de la responsabilidad que hay que honrar y cumplir.
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El protagonismo que vienen tomando en el ambiente la lucha contra la corrupción pública y el desmontaje de la impunidad que fue tan prevaleciente en el pasado hace que en los tiempos más recientes se haya despertado un interés especial en enfocar, vigilar y monitorear el comportamiento del sistema de justicia, que fue tradicionalmente una especie de apéndice al servicio del poder político establecido. Toda esta dinámica coincide con los giros hacia un mayor compromiso institucional que se ven en áreas como el desempeño fiscal y la reactivación de los mecanismos para investigar la probidad de los que ejercen funciones estatales. Una sucesión de casos sin precedentes, como los que ponen a funcionarios del más alto nivel, incluyendo a ex Presidentes de la República, en manos de la justicia por conductas delincuenciales en el ejercicio de sus cargos, hacen ver que el sistema se va moviendo hacia su propia depuración.

Sin embargo, falta mucho por hacer sobre todo en áreas como la investigación del delito, que por mandato constitucional inequívoco le corresponde protagónicamente a la Fiscalía General de la República, ya que dicha institución, pese a la voluntad de realizar bien su trabajo que vienen mostrando el actual titular y su equipo, no cuenta aún con la fortaleza orgánica y el cuerpo funcional que asegure resultados positivos en el sentido de hacer que la ley prevalezca en todo caso; y de ahí deriva, en buena medida, que en los tribunales competentes las absoluciones superen en gran número a las condenas.

Por otra parte la depuración del cuerpo de jueces ha venido siendo dificultosa e inconsistente, de seguro porque los mecanismos con que cuenta el sistema no están a la altura de los requerimientos de la realidad. Lo que ésta pone cada vez más sobre la mesa es el imperativo de asegurar que la justicia no ceda ante las tentaciones que siempre activa el poder político ni quede a merced de los distintos recursos intimidatorios o pervertidores que tiene a su disposición el poder delincuencial.

En la actual coyuntura histórica del país se vienen abriendo cada vez más opciones correctivas y reordenadoras en los diversos campos de la actividad nacional, y para que eso prospere es clave que la justicia haga sentir su eficacia a la hora de imponer el peso de la ley, con independencia de cualquier otra consideración o interés. Para que ello se logre es preciso contar con una judicatura en la que la preparación técnica sea de primer nivel, la consistencia moral esté efectivamente asegurada y los componentes organizativos se hallen a la altura de la responsabilidad que hay que honrar y cumplir.

Cuando el ejercicio judicial es fuerte y confiable todo el sistema de vida recibe los beneficios de la estabilidad y de la confianza. Es por ello que tanto los organismos encargados de la vigilancia y de la integridad de los servicios como la ciudadanía en su rol tutelar desde afuera deben estar constantemente atentos al desempeño de la justicia y de los juzgadores. Esta es tarea de primer orden, que hasta la fecha no se ha cumplido a cabalidad, lo cual acarrea las desconfianzas y las frustraciones que surgen con frecuencia al respecto.

Necesitamos jueces capacitados y probos, sensatos y valientes, porque de la acción personalizada depende la suerte de la función en los hechos reales.

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