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Hay que consolidar los apoyos internacionales y darles vida a las iniciativas internas para progresar de veras

Uno de los estorbos más visibles en esa ruta es el prejuicio ideológico, que se manifiesta en fidelidades absurdas y en reticencias obsoletas. Para el caso, el apoyo gubernamental reiterado al caótico régimen enquistado en Venezuela aísla al país con muy negativas consecuencias...
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Si bien las soluciones de fondo para hacer que el país vaya saliendo de sus postraciones actuales y se pueda ir encaminando hacia una sostenibilidad alentadora del progreso son responsabilidad de los salvadoreños como sociedad y como institucionalidad, también hay que tener en cuenta, como factor paralelo de alta significación, que la cooperación internacional es capaz de proveer aportes en las más variadas formas. Los Gobiernos nacionales no siempre han sido eficientes en la búsqueda de cooperación, así como tampoco lo han sido en la atracción de inversiones, y eso ha hecho que el país acumule dificultades para entrar en una dinámica de desarrollo que responda a las exigencias de la realidad actual.

Lo que se percibe al observar los acontecimientos que se están dando en el escenario mundial es en verdad inquietante, porque el fenómeno globalizador, lejos de abrir más espacios, según sería esperable, está multiplicando los mecanismos de autodefensa en todos los planos, como si emergiera un creciente temor a la libertad de interrelación y de intercambio. Desapareció la Guerra Fría, pero ha tomado cuerpo la tensión caliente, con todos los efectos negativos del caso.

En lo que a nuestro país corresponde, la situación en que nos hallamos inmersos de resultas del estado de cosas prevaleciente nos obliga a hacernos cargo de dicha situación para no seguir hundiéndonos en ella. El Salvador necesita el acompañamiento de las ayudas internacionales y a la vez la reactivación de todas sus energías internas. En ambos sentidos hay que actuar con sensatez y definición.

Uno de los estorbos más visibles en esa ruta es el prejuicio ideológico, que se manifiesta en fidelidades absurdas y en reticencias obsoletas. Para el caso, el apoyo gubernamental reiterado al caótico régimen enquistado en Venezuela aísla al país con muy negativas consecuencias, y crea al mismo tiempo roces y fisuras en nuestra relación con Estados Unidos, que es tan determinante no sólo para tratar de proteger a nuestros connacionales que residen y trabajan allá sino también para recibir las ayudas financieras que apuntalan nuestro desarrollo, como es la contenida en el FOMILENIO II actualmente en marcha. Y la complacencia con el régimen represor de Nicaragua también es muy negativa para nuestro país. El hecho de que estos apoyos se evidencien en un foro como el de la OEA nos hace quedar muy mal en la región y en el mundo.

La coyuntura histórica trae, pues, un sinnúmero de retos a cual más comprometedor. Para nosotros, los salvadoreños, la tarea se hace aún más compleja porque tenemos que lidiar al mismo tiempo con la acumulación de los problemas pendientes, que ya son un lastre de muy difícil manejo. Al ser así, no puede haber ningún pretexto sostenible para seguir en las mismas, porque la realidad no lo resiste y la sociedad no lo tolera. El indispensable cambio de rumbo debe comenzar, entonces, por un cambio de actitud frente a los problemas y a sus soluciones.

Se impone impulsar un rediseño significativo de nuestras relaciones internacionales, en función de los intereses del país. Y a la vez, redefinir nuestra política interna para hacerla viable y confiable.

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