Lo más visto

Más de Opinión

Hay que cuidar mucho lo que se dice desde las distintas instancias del poder para evitar los conflictos puramente retóricos

En ese sentido, hay que cuidar cada palabra que se dice, para promover la claridad de lo que cada quien se propone, evitando así que lo que se expresa un día sea dinamitado por lo que se vocifera al siguiente. Esto tiene mucho que ver con las propias líneas de pensamiento, que no están claras casi en ningún sector.
Enlace copiado
Enlace copiado
Vemos a diario cómo se desatan polémicas casi siempre cargadas de agresividad sobre las opiniones que se vierten desde distintos ángulos de las estructuras gubernamentales o partidarias. Esto no sólo satura la atmósfera de emociones malsanas sino que dificulta cada vez más el poder entrar en una dinámica de entendimientos respetuosos en torno a las cuestiones principales que tienen que ser resueltas para que el país pueda entrar en una ruta de estabilidad y de progreso verdaderamente sustentables. Y es que en nuestro ambiente viene escaseando de manera progresiva la disciplina del respeto y de la contención, como si las actitudes prevalecientes durante la contienda bélica se hubieran trasvasado hacia la competencia política, haciendo que ésta parezca un campo de batalla en vez de ser un espacio para el contraste de ideas y de proyectos, como sería lo normal.

Los salvadoreños no tenemos experiencia acumulada en lo que se refiere al ejercicio democrático en el terreno, porque venimos de una larga época en la que prevaleció el imperio del poder; pero hace ya más de tres décadas que la democracia, surgida por necesidad luego del quiebre del esquema autoritario tradicional, comenzó su recorrido entre nosotros, y eso tuvo un impulso decisivo cuando la guerra tuvo que resolverse por el entendimiento entre “enemigos” y no por la fuerza de las armas. Es hora, pues, más que sobrada, de que la lección de la historia se vaya poniendo en práctica a plenitud, y por consiguiente la sana competencia se haga valer sin reservas.

En ese sentido, hay que cuidar cada palabra que se dice, para promover la claridad de lo que cada quien se propone, evitando así que lo que se expresa un día sea dinamitado por lo que se vocifera al siguiente. Esto tiene mucho que ver con las propias líneas de pensamiento, que no están claras casi en ningún sector. Para el caso, la línea gubernamental es zigzagueante por efecto de que se producen expresiones dirigidas a generar confianza en que no hay radicalismo beligerante y hay otras que tienden a satisfacer a los radicales internos; y además en esta época en que la izquierda como tal está pasando por mutaciones de alto impacto en sus formas de ser tradicionales el vaivén contradictorio se hace más común. Pero también en otras fuerzas partidarias, con los matices del caso, falta la debida coherencia porque no existen posiciones de fondo que se respeten en todo momento y circunstancia.

Es muy importante cuidar las palabras, porque cuando éstas se dan a conocer ya no es posible recogerlas. No en balde enseña la sabiduría popular que la mejor palabra es la que no se dice. En la vida pública no es posible, desde luego, evitar las palabras, porque la comunicación tiene que ser constante y está siempre cargada de propósitos; pero por eso mismo tiene que desarrollarse una disciplina de lo que se dice, en función de ir ordenando espontáneamente las percepciones del destinatario final, que es la ciudadanía en sus diversas formas. Cuando hay discursos coherentes y reacciones autocontroladas, la atmósfera nacional tiende a mantenerse estable y la competencia deja ver con mucha mayor claridad lo que cada quien opina y se propone. Cuando pasa lo contrario, todas las distorsiones se hacen posibles. Esto último es lo que seguimos padeciendo en nuestro ambiente, y es lo que hay que superar.

Tags:

  • polemica
  • esquema autoritario
  • claridad
  • ejercicio democratico

Lee también

Comentarios