Lo más visto

Hay que estar siempre en guardia frente a los embates del populismo, que tantos estragos causa en nuestra región

Pero lo que más puede confortar en las circunstancias actuales es que todos esos regímenes han pasado ya de la condición aleatoria a la condición crítica. En lo que toca al caso salvadoreño, si bien no se anticipa ningún colapso quebrantador del sistema imperante, sí es visible la inoperancia de las líneas de acción que prevalecen.
Enlace copiado
Enlace copiado
Las estrategias de la izquierda política vienen haciéndose sentir en el ámbito regional latinoamericano desde hace ya bastante tiempo, y uno de los instrumentos más utilizados en esa línea es el populismo que busca imponerse con variadas maniobras totalitarias y con la captura de voluntades ciudadanas por medio de un asistencialismo desmesurado. Desde 1959, cuando se instaló en Cuba el castrismo que muy pronto destapó su filiación marxista-leninista a la sombra de la entonces avasalladora Unión Soviética, diversos proyectos populistas de izquierda han tratado de arraigar definitivamente en nuestra zona, y aunque hasta el momento ninguno de ellos ha logrado prosperar de manera sostenible, las intenciones no cejan y los grupos que abanderan dichos propósitos están siempre dispuestos a activar sus desmanes.

El más dramático ejemplo de lo anterior está encarnado en la Venezuela chavista que, pese a contar con la impresionante riqueza petrolera de esa nación, está hoy en un caos político y económico sin precedentes. Y otros países que también se han sumado en su momento y con diferentes matices a esa onda izquierdizante disfrazada de benefactorismo social se hallan también en serios problemas, como son los casos de Brasil y Ecuador. En lo tocante a este último país, el ex Presidente Rafael Correa abanderó lo que dio en llamar “Revolución ciudadana”, y su partido ganó las elecciones en las que se definió su sucesor, que muy pronto luego de asumir entró en conflicto con Correa, sobre todo al destapar la crítica situación económica ecuatoriana derivada del desatino populista.

En Centroamérica, los regímenes actuales de Nicaragua y de El Salvador están en esa misma línea, cada uno con características propias. En Nicaragua, el sandinismo se ha instalado dictatorialmente en el poder, y para blindarse se ha entendido con la empresa privada, no en beneficio nacional sino para servir a los intereses de ambos sectores; en El Salvador, la situación es de ataque al sector privado desde el sector público comandado por la izquierda, y de fricciones constantes entre ambos, con los efectos desestabilizadores que eso inevitablemente acarrea. Ambas son distorsiones de muy mal augurio, aunque en el escenario salvadoreño afortunadamente el sistema electoral no muestra quebrantos de fondo, pese a que hay inconsistencias actuales que pueden ser peligrosas si se mantienen.

Pero lo que más puede confortar en las circunstancias actuales es que todos esos regímenes han pasado ya de la condición aleatoria a la condición crítica. En lo que toca al caso salvadoreño, si bien no se anticipa ningún colapso quebrantador del sistema imperante, sí es visible la inoperancia de las líneas de acción que prevalecen. Y hoy de lo que se trata es de posibilitar un cambio de rumbo que reoriente positivamente la dinámica nacional.

Los salvadoreños tenemos que preservar, con prioridad decisiva, la normalidad democrática en sus diversas connotaciones y expresiones, lo cual implica mover voluntades e iniciativas hacia la consolidación inequívoca del régimen de libertades y la preservación eficaz del Estado de Derecho; y, por consiguiente, es preciso mantenerse en guardia frente a cualquier intento o medida que pretenda pasar por encima de la libertad y de la legalidad. Esto es clave para asegurar el presente y el futuro de todos.
 

Tags:

Lee también

Comentarios