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Hay que garantizar una campaña respetuosa y propositiva en serio

Valores como la libertad, el respeto, la integridad y la dignidad deben ser preservados en todo momento y circunstancia, y eso constituye un deber de todos, y muy en especial de aquellos que, de cualquier forma, aspiran a convertirse en representantes del pueblo.
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Cuando hay competencia electoral con las urnas en mira, los ánimos políticos tienden naturalmente a encenderse, y eso genera un clima de ansiedad y de tensión que con mucha facilidad se sale de control. En nuestro ambiente nunca se han hecho ejercicios moderadores de las actitudes y de las conductas, y mucho menos en el orden político y partidario, y es por ello que no se ha podido establecer una cultura del respeto mutuo, que posibilite la contención de las pasiones y la prevalencia de la razón como mecanismo ordenador. Y al ubicar esta realidad dentro del marco del accionar público nos asalta de inmediato el desafío de ir regulando y vigilando todo lo que ahí pase.

Ante la campaña ya en marcha, que tendrá su desenlace el próximo 4 de marzo, y la otra campaña paralela, que tendrá su desenlace el 3 de febrero de 2019, lo que fue previsible y ya está ocurriendo es que haya expectativas mucho más intensas que en los eventos anteriores, porque en los próximos meses se definirán los balances de poder que estarán vigentes en los años por venir y porque la misma dinámica del proceso democrático nos ubica ante la exigencia ineludible de dejar atrás prácticas de choque y comprometerse con esquemas de trabajo que favorezcan los entendimientos y posibiliten la colaboración.

Puestas así las cosas, vemos cómo muchas instituciones que antes parecían no poner mucho interés en incidir de manera directa en situaciones como la que estamos experimentando, hoy están más dispuestas a dar su pertinente aporte para que las líneas del cambio positivo vayan ganando notoriedad. Es así cómo en estos días nueve partidos políticos tomaron el acuerdo formal de comprometerse en un pacto ético de cara a los comicios que se avecinan, y que fue promovido por el Tribunal de Ética Gubernamental. El compromiso tiene que ver de manera directa con las conductas partidarias que regirán la competencia en la que ya nos encontramos, enfatizando en la aplicación de los principios y los valores que están contemplados en la Constitución de la República. Valores como la libertad, el respeto, la integridad y la dignidad deben ser preservados en todo momento y circunstancia, y eso constituye un deber de todos, y muy en especial de aquellos que, de cualquier forma, aspiran a convertirse en representantes del pueblo.

La sabiduría popular dice que “el papel lo aguanta todo”, y, por consiguiente, lo que habría que asegurar es que los compromisos que se escriben se conviertan de veras en acciones verificables. Lo más importante en este caso es que lo pactado se convierta en cumplido, durante la campaña y después de la campaña. En realidad, lo que estamos demandando, haciéndonos eco de lo que se percibe en el ánimo ciudadano, es que el comportamiento responsable y correcto pase a ser para todos en el país la norma incuestionable de cada día. Y es que en verdad la democracia constituye en sí misma un pacto ético y dinámico de validez generalizada, que todos tenemos el deber de respetar y de honrar.

Lo ético y lo propositivo están ahora mismo en la primera línea del quehacer nacional. Y a eso hay que ponerle toda la atención necesaria.

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