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Hay que hacer todo lo necesario para que el país encuentre el rumbo correcto que la ciudadanía demanda persistentemente

Quiere decir, entonces, que los intereses ciudadanos no están siendo atendidos en la forma que se espera y que las experiencias cotidianas lo que reflejan es la desatención de las verdaderas necesidades de la gente común.
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La opinión ciudadana es un elemento esencial dentro de la vivencia democrática que está ganando cada vez más terreno en nuestro ambiente. No perdamos de vista en ningún momento que dicha opinión es mucho más que un dato circunstancial que pueda atenderse o no atenderse al gusto: estamos refiriéndonos a lo que piensa y a lo que siente el sujeto principal del régimen de vida vigente, y por lo tanto lo que surge del juicio ciudadano merece mucha más atención que la que tradicionalmente se le ha prestado. Cuando la ciudadanía reitera que el rumbo que lleva el proceso nacional es incorrecto se trata de un índice puesto sobre la forma en que se desenvuelven las cosas en nuestro ambiente, en particular dentro de los ámbitos institucionales públicos, que es donde se toman las decisiones claves.

Pero hay que considerar más a fondo lo que se quiere decir con “rumbo incorrecto” y con “rumbo correcto”, porque sin duda esta no es una cuestión técnica, aunque pueda y deba ser analizada técnicamente para habilitar los movimientos pertinentes en la línea adecuada. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que quien está opinando al respecto es la ciudadanía, un sujeto colectivo que tiene multiplicidad de intereses y de experiencias vividas en el día a día; y, por consiguiente son dichos intereses y dichas experiencias las que mueven la opinión mayoritaria al respecto. Quiere decir, entonces, que los intereses ciudadanos no están siendo atendidos en la forma que se espera y que las experiencias cotidianas lo que reflejan es la desatención de las verdaderas necesidades de la gente común.

En tal sentido, rumbo correcto sería aquel en el que las aspiraciones ciudadanas tuvieran respuestas concordantes con lo que se busca y con lo que se anhela, y en el que, de manera concordante, se pudieran encontrar salidas satisfactorias a los desafíos tanto personales como sociales que nunca dejan de existir. Puestos en esta dimensión, es patente más allá de toda duda que de muy poco puede servir el asistencialismo con tinte populista, que en verdad no se propone resolver carencias de la población sino lograr réditos políticos de ocasión. Hay, pues, que partir de una clara definición de objetivos y de métodos, para no seguir insistiendo en lo que lejos de ayudar a clarificarla y a orientarla confunde más la agenda pública.

Sería muy oportuno generar un debate nacional serio sobre el tema del rumbo del país, porque hasta la fecha eso se menciona a la ligera sin que haya voluntad de diagnóstico que pueda dar pistas esclarecedoras. Insistimos en el hecho de que la ciudadanía viene siendo consistente en opinar que el rumbo actual es el incorrecto; y no es justificable que tal opinión, que en el fondo es una advertencia, se continúe pasando por alto, como si no tuviera la importancia ilustrativa que tiene. Los actores políticos deberían tomar muy en cuenta este tipo de señales provenientes del ojo ciudadano, y muy en especial deberían sentirse aludidos los que tienen a su cargo la conducción nacional, no para autodefenderse de modo compulsivo sino para hacer la sana autocrítica que las circunstancias exigen.

A estas alturas del juego, la conciencia democrática tendría que estar muy alerta frente a cualquier gesto ciudadano, sobre todo aquéllos que tocan la suerte del proceso.

Tags:

  • opinion ciudadana
  • democracia
  • asistencialismo
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