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Hay que hacer todo lo necesario para que los nuevos magistrados sean los idóneos

Hasta donde va avanzado este proceso ya han surgido muchas dudas sobre su transparencia y sobre su imparcialidad, ya que es notorio que en esta ocasión, más que en ninguna otra anterior, se están moviendo pitas para asegurar controles externos sobre el funcionamiento de la nueva Sala.
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La Prensa Gráfica

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El pasado sábado, los abogados de la República eligieron por voto directo a los 15 candidatos que les corresponde proponer para que vayan a la Asamblea junto a los 15 que escogerá el Consejo Nacional de la Judicatura, para llenar las 5 plazas que hay que renovar dentro de la Corte Suprema de Justicia el próximo mes de julio. La tarea nunca ha sido tan delicada como lo es esta vez, por razón de que corresponde elegir a cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional, que sustituirán precisamente a los que desde 2009 han venido desarrollando una labor de gran relieve y proyección por la valentía de las decisiones y por la independencia que se ha puesto en evidencia desde el principio.

Los 15 candidatos elegidos por los abogados serán evaluados por el Consejo Nacional de la Judicatura para sumarse a los 15 que escoja dicho Consejo, y luego todos pasarán a consideración de la Asamblea Legislativa a fin de que ahí sean elegidos los 5 que llenarán las plazas que quedarán vacantes en la Corte. Hasta donde va avanzado este proceso ya han surgido muchas dudas sobre su transparencia y sobre su imparcialidad, ya que es notorio que en esta ocasión, más que en ninguna otra anterior, se están moviendo pitas para asegurar controles externos sobre el funcionamiento de la nueva Sala; y eso hay que tenerlo bien enfocado para evitar a toda costa que los vicios del pasado se repitan en esta oportunidad, que es tan decisiva para la buena marcha institucional del país y para la salvaguarda del Estado de Derecho.

Desafortunadamente no se han desarrollado mecanismos de comprobación de idoneidad que puedan asegurar de la mejor manera posible que los que lleguen a ocupar magistraturas, sobre todo en el seno de la Corte Suprema de Justicia, no sólo estén verdaderamente capacitados en el desempeño orgánico sino que merezcan la confianza plena en su proceder independiente y responsable. No basta con leer hojas de vida porque, según dice la sabiduría popular, el papel todo lo aguanta: hay que recoger testimonios de vida suficientes y verificables para saber en cada caso de quién se trata. Antes esto resultaba más fácil, porque había más conocimiento de las personas en el ámbito social.

Dicha elección viene a sumarse a lo que se va viendo que son las elecciones de todo tipo en esta precisa coyuntura: pruebas de fondo para la institucionalidad, conforme a los requerimientos de una democracia bien vivida. Ya está reconfigurada la nueva Legislatura de resultas de la elección del pasado 4 de marzo; luego vendrá la elección de los 5 nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, incluyendo los 4 de la Sala de lo Constitucional; y poco después se realizará la elección del nuevo Presidente de la República. Eso implica que muy pronto tendremos renovado lo más importante del esquema gubernamental, con las oportunidades y los desafíos que van implícitos.

El panorama de la institucionalidad nacional está en fase de cambio, y esto no es casual: las condiciones del fenómeno evolutivo juegan un rol determinante al respecto, y así debemos asumirlo todos.

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