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Hay que hacer todo lo necesario para que los salvadoreños podamos vivir cada vez más seguros y tranquilos

Ahora, como trágico ejemplo depredador, estamos viendo con alarma apabullante el incremento en los feminicidios, provocados muchos de ellos dentro del respectivo ámbito familiar, lo cual expresa el profundo deterioro moral en que nos venimos hundiendo progresivamente.
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La Prensa Gráfica

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La inseguridad ciudadana se ha ido instalando en forma crecientemente agresiva en el quehacer de las personas, de las familias y de las comunidades a lo largo y a lo ancho del país. Este es un fenómeno de altísimo impacto en todo lo que ocurre en el ambiente, haciendo que haya cada vez más angustia generalizada y más insatisfacción aflictiva. Los salvadoreños vivimos en ascuas desde hace mucho tiempo por las distintas formas de inseguridad que nos agobian, y en tal sentido los peligros reales que surgen a cada paso impiden que la población pueda vivir en paz y que la sociedad pueda convivir en armonía. Lo más grave de todo es que hasta el momento no se ven señales convincentes de que todo este trastorno vaya a ser corregido y prevenido en los hechos de una cotidianidad cada día más descontrolada.

Al no recibir tratamientos adecuados a la gravedad del caso, tal situación se retroalimenta constantemente a sí misma, y así percibimos cómo el mal se multiplica, haciendo que surjan expresiones cada vez más perversas del mismo. Ahora, como trágico ejemplo depredador, estamos viendo con alarma apabullante el incremento de los feminicidios, provocados muchos de ellos dentro del respectivo ámbito familiar, lo cual expresa el profundo deterioro moral en que nos venimos hundiendo progresivamente. Cuando en un espacio humano determinado se rompen los controles de la conducta, lo que surge es el deterioro extremo. Vamos llegando ya a niveles sin precedentes al respecto, y aquí tendría que haber una dinámica reconstructiva urgente, en la que la familia, la escuela y la sociedad en su conjunto tendrían que comprometerse a fondo.

No se puede seguir en esta inercia conformista frente a los factores que erosionan persistentemente nuestras condiciones de vida. Todos los actores nacionales tienen el deber de participar de manera proactiva en el rescate de la normalidad y del orden. Desde luego, la responsabilidad de algunos de esos actores es más apremiante e insoslayable, y en primera línea se encuentran los actores políticos, que son los que dirigen la dinámica nacional desde las estructuras estatales. El hecho de que desde ahí haya tan poca voluntad de cambio reorientador hace que nos sintamos y nos veamos atrapados en una especie de círculo vicioso sin fin.

Estamos a punto de entrar con las cartas ya definidas en una campaña presidencial de gran intensidad y proyección; y entonces el momento y la oportunidad resultan propicios al máximo para definir estrategias, proponer tratamientos y enfocar metas precisas en todos los grandes ejes de nuestra problemática nacional. El punto de la seguridad integral unido al tema de la conducta ciudadana responsable deben ser activados como tareas reparadoras vitales para que el país vaya saliendo de sus múltiples trampas acumuladas.

Ante los distintos apremios que están sobre la mesa, se hace imperativo generar toda una dinámica de respuestas eficaces a los desafíos de la realidad presente. Es hora más que sobrada de hacerlo, para servirle bien al país y para proveerles respuestas satisfactorias a los diversos reclamos de la gente. Esperamos que todo esto se manifieste sin más tardanza.

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