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Hay que hacer todo lo necesario para que no se pierdan las posibilidades de que nuestro país entre en el rumbo correcto y gane confianza en todos los órdenes

Y es que si hay confianza suficientemente sustentada, es posible activar energías que se vayan incorporando de manera sucesiva a la buena marcha de todos los dinamismos que constituyen el proceso nacional, especialmente en lo que se refiere al quehacer socioeconómico.
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Ante las reiteradas expresiones ciudadanas que indican que nuestro país va por el rumbo incorrecto, desafortunadamente las reacciones de los principales actores políticos, económicos y sociales han venido mostrando una gran resistencia a entrar en los entendimientos que se requieren para enderezar el rumbo nacional. Todos los signos de la realidad apuntan a que no puede haber una verdadera reorientación del proceso que se vive si no hay conjunción de voluntades al respecto; y en tanto eso no se dé hay que continuar demandándolo en todas las formas posibles, porque lo que está en juego es la suerte de la sociedad entera.

El nuevo rumbo implicaría que los diversos procesos y dinámicas nacionales se pusieran a ritmo con la realidad tanto nacional como internacional; y eso tiene que partir de hacer un recuento sincero y desideologizado de lo que ocurre actualmente, en función de poner el bien común por encima de cualquier otro interés, de la naturaleza y del color que sea. Pero hay que dejar bien claro, al mismo tiempo, que para que el bien común gane terreno todos los otros intereses legítimos deben estar salvaguardados dentro de un efectivo Estado de Derecho. Justamente el error principal que inhabilita cualquier esquema de populismo dizque revolucionario consiste en querer aplastar todo interés privado con la aplanadora del predominio estatista.

El rumbo correcto se basa en el respeto a las diferencias democráticamente aceptables y en la protección efectiva y constante del régimen de libertades que le da sostén a la democracia. En ese sentido, la sana tolerancia entre instituciones es básica para que el rumbo no se tuerza. Hechos claramente inaceptables como las agresivas respuestas de ciertas instituciones cuando algún otro ente da resoluciones que no son de su agrado deben ser señalados y condenados; y ya no se diga cuando hay una especie de ataque abierto como el que se ha venido dando contra la Sala de lo Constitucional y contra la Fiscalía General de la República por sus respectivas actuaciones, que se han puesto en una línea sin precedentes.

Si algo hemos venido necesitando cada vez con más urgencia en el ambiente es confianza sobre las perspectivas de progreso, las garantías de estabilidad institucional y social y las condiciones en que se pueda ir desenvolviendo nuestro esfuerzo evolutivo. Y es que si hay confianza suficientemente sustentada, es posible activar energías que se vayan incorporando de manera sucesiva a la buena marcha de todos los dinamismos que constituyen el proceso nacional, especialmente en lo que se refiere al quehacer socioeconómico. Lo económico y lo social reclaman modernizaciones mucho más articuladas y eficientes que lo que hasta ahora se ha dado, y con ese propósito habría que mover voluntades e iniciativas.

Para ganar certidumbre en lo interior y credibilidad hacia afuera es preciso que la actividad nacional supere las improvisaciones que en definitiva no sirven de nada y vaya ganando coherencia en función del desarrollo. Si algo mantiene al país en letargo y en inseguridad es no tener brújula para el avance. De ahí que casi en todo se vaya a la deriva, con las consecuencias adversas que todos acabamos padeciendo. Ahora que estamos en vísperas de iniciar un nuevo año es momento oportuno para al menos poner en cuestión lo que ha venido ocurriendo en el país y disponerse a transformar esfuerzos de aquí en adelante.

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  • confianza
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