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Hay que ir cerrándole al crimen organizado todas sus fuentes de ingresos para irlo ahogando de manera progresiva

Y hoy queda aún en mayor evidencia que la lucha anticriminal tiene que ampliarse todo lo que sea necesario, haciendo investigaciones exhaustivas ahí donde puede haber hasta el mínimo indicio de que la infiltración se está produciendo.
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En un operativo sin precedentes la Fiscalía General de la República ha implementado la captura de diversos partícipes y colaboradores de las estructuras pandilleriles y la requisa de bienes ilícitos, específicamente en este caso en relación con la MS, que tenían negocios de distinto tipo, desde moteles hasta rutas de buses, los cuales servían de fachada para sacarle ventajas económicas al crimen organizado. Las capturas han puesto al descubierto identidades que son muy reveladoras del avance que la criminalidad tiene desplegado en el ambiente, porque hay gente del liderazgo evangélico, miembros de organizaciones no gubernamentales y empresarios del transporte.

En realidad, el accionar criminal viene traspasando en el país todos los límites que hasta no hace mucho hubieran sido impenetrables. Y es que, como hemos señalado en múltiples oportunidades, este tipo de plagas sociales se expanden con fuerza creciente en la medida que la institucionalidad establecida deja de poner los debidos controles en los tiempos oportunos. El crimen, sobre todo cuando se presenta en forma de organización que busca ganar terreno en todos los sentidos, desarrolla dos estrategias paralelas: someter a la institucionalidad e infiltrarse en la sociedad. Por eso decimos que la lucha por el imperio de la legalidad y del orden tiene que ser multifacética, como lo son las maniobras que usa la criminalidad para imponerse.

Cada vez tenemos más pruebas fehacientes de que los esfuerzos delincuenciales no se detienen ante nada, ya que usando todas las herramientas de seducción y de intimidación imaginables se ubican estratégicamente hasta en los lugares más insospechados del mapa social, desde donde activa todos los elementos controladores de que disponen. Si la institucionalidad se queda detenida en sus formas tradicionales de proceder sin duda irá siendo dejada al margen, con todas las de perder.

El financiamiento es uno de los pilares fundamentales de la actividad criminal, y ahí operan de manera decisiva factores como el narcotráfico y la extorsión. Ambas son actividades delictivas de gran beneficio económico para las organizaciones del crimen, y ahora se constata que la expansión financiera de tales organizaciones es bastante más amplia. Los tentáculos de las mismas se van colando por todas partes, y por eso acciones como la que está emprendiendo la Fiscalía General de la República son determinantes para que prospere en el terreno la lucha por el imperio de la ley, que viene sufriendo un deterioro continuo.

Atacar a fondo la narcoactividad y perseguir sin tregua todas las formas de extorsión son imperativos que no pueden ser obviados bajo ninguna circunstancia. Y hoy queda aún en mayor evidencia que la lucha anticriminal tiene que ampliarse todo lo que sea necesario, haciendo investigaciones exhaustivas ahí donde puede haber hasta el mínimo indicio de que la infiltración se está produciendo. Ningún sector ni ninguna actividad están inmunizados frente al accionar invasivo del crimen, y por consiguiente tanto la institucionalidad como la ciudadanía tienen que estar siempre en alerta para actuar en consecuencia y en el momento oportuno. En esa tarea de autodefensa nacional nadie debe quedarse al margen.

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