Hay que lograr la unidad dentro de los partidos para potenciar la unidad nacional

Los salvadoreños tenemos que evitar a toda costa los saltos en el vacío y las apuestas aventuradas, que sólo conducen a quebrantos de altísimo riesgo, como los que se han dado en países del entorno latinoamericano como Cuba, Venezuela y Nicaragua, y en otros niveles en Ecuador, Brasil y Argentina.
Enlace copiado
La Prensa Gráfica

La Prensa Gráfica

Enlace copiado

En el marco de la competencia que se viene dando dentro de los partidos políticos, especialmente en los dos que han ejercido la conducción superior del país durante los más de 25 años de la posguerra, las conflictividades internas son notorias y hacen ver divisiones que evidentemente no será fácil solventar de cara a las responsabilidades inmediatas y futuras. Nuestros partidos, sin excepción, han estado determinados por las decisiones cupulares, y ahora que éstas, por influencia directa de la creciente incidencia ciudadana en el desenvolvimiento del proceso nacional, se vuelven cada vez menos capaces de imponer sus voluntades absolutistas, las líneas de acción partidaria quedan más a merced de las circunstancias, como vemos en lo que se está dando dentro del FMLN luego de las elecciones del 4 de marzo.

En ARENA la elección del candidato presidencial también ha sido generadora de agudas tensiones internas, que como es natural dejan resquemores y fisuras. Y cuando se avizora la posibilidad cierta de una tercera opción partidaria que está fuera de las tradicionales y que se anuncia con voluntad de romper el molde conocido, el panorama se satura de una inseguridad sin precedentes. La suma de todas esas condiciones lleva a enfatizar la necesidad de que los partidos establecidos normalicen sus desempeños internos y el esquema partidario en general asuma de manera explícita el compromiso de mantenerse estable y funcional como lo requiere la salud del proceso que vivimos.

Ahora más que nunca los salvadoreños tenemos que estar escrupulosamente pendientes de que los dinamismos electorales preserven su normalidad, sin negarse a los cambios evolutivos pero haciendo valer en todo caso la práctica efectiva de la lógica democrática. Los salvadoreños tenemos que evitar a toda costa los saltos en el vacío y las apuestas aventuradas, que sólo conducen a quebrantos de altísimo riesgo, como los que se han dado en países del entorno latinoamericano como Cuba, Venezuela y Nicaragua, y en otros niveles en Ecuador, Brasil y Argentina.

Necesitamos seguridad y estabilidad, y para ellos estamos urgidos de unidad y de predictibilidad. Y el eje básico de todo ello es la racionalidad bien administrada, de la que deben dar ejemplo en primer lugar las fuerzas políticas organizadas. Es natural que haya diferencias internas, sobre todo cuando es cuestión de escoger a los que van a competir por posiciones de poder, pero eso hay que saber procesarlo dentro de los espacios propios, para que no cunda la impresión de que el sistema se halla en crisis.

En los meses que se avecinan, todas las fuerzas políticas estarán puestas frente a un ojo público que será sin duda aún más inquisitivo. Ya con los candidatos en el terreno, lo que estará en examen será su capacidad de proponer y su habilidad para convencer. Las formas de propaganda tradicional ya no operan: hay que ganar voluntades en armonía con los requerimientos de los tiempos presentes.

Todos tenemos que estar muy atentos a todo lo que viene en la campaña, en la decisión popular y el desempeño inmediato. El ejercicio del poder está haciendo giros en las distintas fases del mismo.

Lee también

Comentarios