Hay que motivar efectivamente a los jóvenes para que incidan en la realidad política del país

Es claro que el sistema nacional como tal no está respondiendo de manera adecuada a las aspiraciones de los jóvenes; y también lo es que el sistema politico en particular mantiene fallas, desvíos y carencias que provocan desconfianza y desánimo.
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Uno de los fenómenos más notorios en esta etapa del desenvolvimiento democrático del país es el creciente interés de los ciudadanos por hacerse partícipes de la dinámica política, especialmente en lo que se refiere a estar atentos a lo que ocurre en el día a día del acontecer gubernamental y partidario. Hay que tener en cuenta que venimos de una muy larga época en la que la ciudadanía era prácticamente invisible como tal dentro del desarrollo de los procesos nacionales, salvo en momentos de crisis excepcional; y por ende el surgimiento actual de la participación ciudadana tiene que ser también un proceso que se va dando por fases en el tiempo.

El intenso despliegue de la comunicación virtual, centrado en este caso en la intensa y extensa activación de las redes sociales, es una plataforma cotidiana que contribuye de manera notable a que el sentir ciudadano se exprese; sin embargo, ese es sólo un factor desencadenante, que posibilita una verdadera educación participativa, la cual tiene que tomar en cuenta, por su propia naturaleza, componentes culturales estructurados en forma estratégica. En otras palabras, para que se dé una auténtica participación es indispensable que los ciudadanos, como individuos y como expresión consciente de la comunidad, asuman su rol en el avance evolutivo del país.

Puestos en este plano, se puede observar con más claridad lo que debe ser la participación de la juventud en todas y cada una de las fases y tareas del esfuerzo democratizador. Los partidos políticos parecen estar tomando nota del fenómeno al que nos referimos, y no es casual entonces que haya bastante más interés reconocible por incorporar a jóvenes a las ofertas electorales y así hacerlos visibles como figuras nuevas, como es fácil advertir en el escenario de la campaña electoral que está concluyendo. En el esquema del voto cruzado esto podría ser aún más efectivo, aunque los resultados de las urnas tendrán que decir la última palabra.

Pero hay un hecho que hace notar que falta mucho trabajo de convencimiento ciudadano para que las cosas se ubiquen en el plano en que deben estar: y ese hecho es la evidente apatía de los más jóvenes para incorporarse al cuerpo electoral. Los que han cumplido 18 años inmediatamente antes de las elecciones más recientes y de la actual vienen mostrando apatía creciente por estar legalmente listos para ir a ejercer el sufragio. Esta es una señal de apatía juvenil que debe que ser tomada más en serio tanto por las fuerzas partidarias como por las distintas organizaciones de la sociedad civil que se vinculan con el quehacer político.

Y lo primero que tendría que hacerse es un análisis puntual y sincero de las causas de dicha apatía. Es claro que el sistema nacional como tal no está respondiendo de manera adecuada a las aspiraciones de los jóvenes; y también lo es que el sistema político en particular mantiene fallas, desvíos y carencias que provocan desconfianza y desánimo. Los jóvenes, por la misma etapa vital en que se encuentran, se entusiasman con los planteamientos frescos y con las conductas que producen confianza e ilusión. Muy poco de eso está disponible en el ambiente; y proveerlo es fundamental para hacer girar las cosas hacia lo positivo.

Si queremos un país renovado y puesto sin reservas en la ruta del futuro tenemos todos que acompañar a la juventud en sus anhelos de un mejor vivir, que pase de veras de las palabras a los hechos.

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