Hay que plantearse el desarrollo territorial como un desafío impostergable

Mientras sigan existiendo los desajustes y vacíos que hoy imperan nunca saldremos de los atolladeros que impiden o frenan el avance. Es imperioso que se hagan de inmediato los diagnósticos de situación y de evolución que sean pertinentes, a fin de sacar conclusiones sinceras y definir tratamientos eficaces.
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En El Salvador, como en todas partes, el desarrollo es una dinámica que presenta diversas facetas y que exige planteamientos múltiples. Hablar de desarrollo como si fuera un concepto plano y una tarea unidimensional es partir de una simplificación artificiosa y distorsionadora; y más aún en un país como el nuestro, donde los desniveles estructurales son tan agudos y donde las necesidades de progreso real se vuelven cada vez más apremiantes. Tenemos, pues, que plantearnos, sin ninguna excusa viable, distintos ámbitos del desarrollo, como son el desarrollo local, el desarrollo territorial, el desarrollo productivo y el desarrollo humano, entre los más relevantes para que el país pueda avanzar de veras en una vía de progreso integral, que ya no se puede seguir evadiendo.

Allá a comienzos de la pasada década, se produjo un esfuerzo institucional para impulsar el desarrollo territorial de manera sistemática e integrada. Hubo una Comisión Nacional encargada de ello, y de ahí surgieron proyectos como el del desarrollo de la Zona Norte, que sirvió de base al FOMILENIO I, y como el del desarrollo de la Zona Oriental, que tenía como punto focal el renovado Puerto de La Unión, que enlazaría con Puerto Cortés en el Atlántico hondureño, para convertirse en ruta de comercio mundial. El FOMILENIO I se concluyó con todo éxito, pero se dejó estar de inmediato, y hoy sólo es sombra de gloria; y el Puerto de La Unión se quedó en el aire porque la manipulación política frustró su verdadero despliegue.

En estos días, FUSADES ha puesto de nuevo el tema del desarrollo territorial sobre el tapete, destacando los grandes desniveles que al respecto se dan en el país. Datos como el que se refiere a que el 60% del parque empresarial nacional está concentrado en tres departamentos: San Salvador, La Libertad y Santa Ana; y como el que indica que el 66% de la población económicamente activa se ubica en cinco departamentos: San Salvador, La Libertad, Santa Ana, San Miguel y Sonsonate, indican a las claras que seguimos padeciendo un agudo centralismo, que desfigura nuestra realidad e impide los avances verdaderamente modernizadores.

FUSADES propone crear un Fondo de Desarrollo Productivo Departamental, como instrumento impulsor a lo largo y a lo ancho del país. Pero hay que tener claro que para que los instrumentos funcionen tienen que ponerse en la base las políticas y las estrategias efectivamente funcionales, de ejecución permanente y sostenida. Los programas aislados a la larga sirven de poco, porque el desarrollo real, en cualquiera de sus expresiones, es un ejercicio de continuidad progresiva.

Para que el país sea realmente un todo en los hechos, es indispensable habilitarlo como tal. Mientras sigan existiendo los desajustes y vacíos que hoy imperan nunca saldremos de los atolladeros que impiden o frenan el avance. Es imperioso que se hagan de inmediato los diagnósticos de situación y de evolución que sean pertinentes, a fin de sacar conclusiones sinceras y definir tratamientos eficaces.

Los salvadoreños necesitamos tener a la mano el mapa completo de nuestro desarrollo deseable y factible, que aún no existe como tal; y por ello es tan urgente poner todo el empeño preciso para contar cuanto antes con ese insumo vital.

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