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Hay que potenciar la tendencia natural de los salvadoreños a hacer causa común con nosotros mismos, pese a las múltiples diferencias

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David Escobar Galindo - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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El Salvador es una nación que presenta, desde siempre, condiciones muy propias e inconfundibles, que nos vuelven a los salvadoreños personas de comportamientos muy característicos. Esto se ha venido complicando en los decenios más recientes por la irrupción de situaciones sin precedentes, e inesperadas en muchos sentidos, como la conflictividad bélica de los años 70 y 80 del pasado siglo y la irrupción del trastorno pandillero que se ha dado inmediatamente después de la guerra y continúa presente de manera compulsiva en los más variados ámbitos de la realidad nacional.

A estas alturas, y con los diversos trastornos que se nos han venido y siguen viniéndosenos encima en el curso de los días, lo que se nos hace insoslayable es dejar de actuar como que estuviéramos inmersos en un círculo cerrado y comenzar cuanto antes a reaccionar con la creatividad que las condiciones y las circunstancias exigen. Esto es clave, más que cualquier otra consideración, lo cual nos demanda a todos romper los moldes tradicionales ya obsoletos para aprovechar esta crisis en función de los nuevos tiempos y sus aperturas hasta hace muy poco inimaginables.

Una de las cuestiones más sensibles y significativas que esta experiencia nos ha venido enseñando de la mano de la crisis pandémica es que debemos aprender a lidiar constructivamente con los desafíos del fenómeno real, que siempre se dan, aunque hay momentos en que son más angustiosos y desconcertantes, y aprender a sacarles ventajas a las crisis, de la naturaleza que fueren, en función de seguir adelante, cada vez con más conciencia de nuestras posibilidades y de nuestras responsabilidades. Eso hace que podamos manejar la vida con mayores expectativas de éxito funcional y material.

Las épocas desafiantes son las que revelan con más nitidez el estilo de vida y las capacidades de cada sociedad frente a los problemas que le van saliendo al paso. Y esta, como todos lo tenemos vivenciado sin posibilidades de evasivas calculadas, es una época en la que los seres humanos del presente estamos día a día enfrentados cara a cara a nuestra respectiva realidad. Esto debería movernos directamente hacia el aprovechamiento de todas nuestras condiciones reales, lo cual es un factor evolutivo sin precedentes, que nos hace recodar aquello de que no hay mal que por bien no venga.

Y esto último lo decimos porque hay tantos males haciéndose sentir en el ambiente que la tentación más fuerte es la de sentir que no tenemos escapatoria frente a lo que pasa y a lo que puede seguir pasando. Pero en verdad, viendo las cosas con ojos desprejuiciados, las perspectivas de lo que se da en el país son mucho más reveladoras que agobiantes. Son años de prueba, sin duda, para todos, y eso subraya que somos una comunidad de destino en la que se pone a diario de manifiesto que la solidaridad se hace sentir cada vez con más énfasis, y que los valores nacionales tienen creciente vitalidad comunitaria.

Y en tal perspectiva, el criterio de comunidad se revela en su verdadera dimensión, que por encima de todas las distorsiones que se han hecho valer en el curso del tiempo, continúa mostrándose como la auténtica raíz de nuestro ser. Fenómenos como el de las remesas familiares que envían los salvadoreños emigrantes a sus familias que permanecen aquí nos hacen ver, con elocuencia constante pese a todas las adversidades que no dejan de evidenciarse, que la salvadoreñidad es mucho más que un concepto: una función de vida compartida.

Potenciemos, pues, todos nuestros valores, y con más énfasis aún los que más nos caracterizan como sociedad en vías de constante progreso. Y esto último es aún más notorio en esta época de evolución democrática y democratizadora que va ganando identidad y consistencia en el curso de los años. Desde que la democracia empezó a tomar cuerpo entre nosotros, hace ya más de 30 años, no se ha fracturado la ruta, y eso es aún más patente hoy, cuando el proceso evolutivo ha pasado a fase de imprevisibilidad previsible –valga la aparente contradicción–. Hoy, más que nunca, pues, debemos darles vida a los valores de nuestra condición más profunda.

Tags:

  • causa común
  • solidaridad
  • desafíos
  • perspectiva
  • salvadoreñidad

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