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Hay que potenciar todas las aperturas modernizadoras pero asegurando que la estabilidad se mantenga

Salgamos al mundo, pero no con desatinos injustificables, sino con propósitos de ganar credibilidad y de mostrar vocación internacionalizadora responsable.

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En nuestro país prácticamente no hay experiencia acumulada en el orden de la modernización generadora de prosperidad para todos, y eso constituye sin duda una falta que se hace sentir más que nunca en esta época en que la dinamización del progreso va tomando cuerpo y presencia en todas partes. Sin embargo, El Salvador no escapa a la dinámica prevaleciente en los planos globales, y eso es algo que debe comprometer a fondo con nuestra propia realidad, que está moviéndose con impulso indetenible hacia los nuevos espacios de la creatividad global, que tienen como escenario el mapamundi, que antes se hallaba prácticamente atrapado en las redes de los poderes políticos y económicos superiores, que hicieron de las suyas creyendo que eso nunca cambiaría.

Hoy en día, no es imaginable ni mucho menos realizable una modernización que no tenga bases sustanciales en el sistema de vida. En otras palabras, no es posible darle vida a un esfuerzo modernizador sin adecuada raigambre en las estructuras del fenómeno real. Esto significa que todos los aconteceres nacionales deben ajustarse a la corrección debida. Hechos tan desafortunadamente particularizados como el incidente que ocurrió en la presentación de la Banda El Salvador Grande como su Gente durante el Desfile de las Rosas en Pasadena, California, el 1º de enero, no deben suceder bajo ninguna circunstancia, porque perjudican nuestra imagen internacional cuando lo que se debe buscar es fortalecerla. Salgamos al mundo, pero no con desatinos injustificables, sino con propósitos de ganar credibilidad y de mostrar vocación internacionalizadora responsable, que nos ubique de manera permanente en la buena ruta del devenir.

Como venimos repitiendo de manera persistente, para que cale en las percepciones de todos los connacionales de aquí y de allá, El Salvador está hoy en el ojo del mundo como una nación con significado propio, lo cual nos abre un cúmulo de oportunidades sin precedentes pero al mismo tiempo nos impone múltiples obligaciones de comportamiento acorde con la lógica de la actualidad abierta para todos. Y la tarea vital y crucial consiste, entonces, en manejar tanto las oportunidades como las obligaciones dentro de un mismo esquema de responsabilidad bien entendida y bien ejercida.

La gestión gubernamental en funciones, que se caracteriza por el ánimo renovador de procederes y de perspectivas, debe ser la primera en poner en evidencia que entiende las señales, los mensajes y los mandatos de la realidad en la que estamos inmersos, no sólo para aprovechar a tiempo lo que la actualidad nos ofrece sino, en el ámbito más demostrativo, para hacerle ver con el buen ejemplo a toda la población que El Salvador está dándole seguimiento apropiado al conjunto de motivaciones renovadoras que están en juego.

Es patente, sin necesidad de ninguna comprobación adicional, que este momento es promotor de compromisos que están a la orden del día para sacarles todas las ventajas posibles a las condiciones políticas y económicas en las que estamos envueltos. Si eso se hace así, de seguro seremos capaces de continuar en un avance claramente vigorizador de nuestro progreso, tal como la ciudadanía lo está requiriendo y demandando.

Hay que hacer que proliferen las señales comprobatorias de que la sociedad salvadoreña comprende su ubicación en el tiempo y su capacidad de beneficiarse de la misma con todo lo que se hace factible en los planos nacionales e internacionales, cada vez más intercomunicados. No nos cansaremos de subrayar este punto, porque en eso se centra lo que podremos ser de aquí en adelante.

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