Hay que salvaguardar a toda costa el régimen de libertades, y entre ellas la libertad de expresión está en primera línea

Cuando se habla de democracia no hay que aplicar un enfoque restrictivo que se limite al aspecto estrictamente político de la misma, que es desde luego el que más resalta en los hechos, sino tomar en cuenta todas las expresiones del fenómeno, que es multidimensional por naturaleza.
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Hay que salvaguardar a toda costa el régimen de libertades, y entre ellas la libertad de expresión está en primera línea

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Hay que recordar que la democracia es, en términos amplios, un régimen de vida, cuya característica principal es hacer de la libertad el motor cuya energía ordenada define todos los movimientos que se dan dentro del marco social. Tener todo esto en cuenta permite no sólo entender a cabalidad la dinámica de la interacción humana en una sociedad determinada sino también, y como punto clave, reconocer los contenidos y los impulsos de la evolución, que siempre está en el fondo de todo.

Lo que llamamos régimen de libertades democráticas es el conjunto de factores dinámicos y dinamizadores que hacen posible que una colectividad organizada pueda funcionar en pro de los principios, los valores, los métodos y las prácticas de una efectiva y productiva convivencia. Y el propósito fundamental de ello es y debe ser que los seres humanos tengan posibilidades reales de activar todas sus capacidades y aspiraciones para hacerlas confluir en eso que sintéticamente se llama destino nacional. Los seres humanos tienen siempre ideas, objetivos y modos de ser muy propios, que deben poder ser expresados y realizados en libertad, para que la diversidad objetiva se convierta en pluralismo operante. Ese tránsito articulador de la diversidad al pluralismo es la clave funcional de la democracia.

Por todo ello, la libertad de expresión se vuelve el mejor vehículo de expresión de la libertad, como puede constatarse en aquellas sociedades que han logrado posicionarse en los puestos más altos dentro de la escala del desarrollo. En países como el nuestro, que están haciendo esfuerzos aún muy elementales en ese orden, la preservación y la promoción de la libertad de expresión y de la consecuente libertad de prensa se vuelven aún más decisivas. La tarea se complica porque hay que luchar constantemente contra los ataques que provienen de todos aquellos –sean instituciones, organizaciones o personas individuales– que buscan imponer a toda costa sus intereses y sus pretensiones sin importar los atropellos y las maniobras perversas que tengan que ser activados para lograrlo.

LA PRENSA GRÁFICA, que tiene un historial de ya más de un siglo en la práctica libre del periodismo independiente, ha sido objeto en los tiempos más recientes de agresiones alevosas para amedrentar su desempeño e intimidar su función. El caso de los ciberataques, que hoy está en fase de tratamiento decisivo por parte de la justicia, es un ejemplo patente de ello. Dejar que eso pase sin tratar de que la fuerza de la ley lo desarticule e imponga las sanciones merecidas sería favorecer la impunidad y darle alas al abuso delictivo. Porque hay que tener presente que situaciones como ésta se multiplican sin control cuando no se ponen a tiempo los correctivos del caso, que son además señales de advertencia para los que quieran seguir usando ese tipo de acciones delincuenciales.

En nuestro hay ahora, por encima y por debajo de los escombros acumulados de la impunidad que se niega a morir, un impulso ordenador que va ganando terreno. Este es signo de los tiempos, y así hay que reconocerlo y asumirlo. Ponerles frenos legales a los que buscan continuar saboteando la evolución por todos los medios a su alcance, aun los más aviesos y destructivos, es responsabilidad ineludible de cuantos creen en la libertad como combustible de vida. Todos, de cualquier manera y por cualquier vía, estamos expuestos al embate del mal, y por eso se debe estar preparado a diario para combatirlo a fondo. La libertad, que siempre es la más asediada, provee múltiples recursos anímicos y legales a los que se comprometan a defenderla y a velar por su firme supervivencia. En todo esto hay que insistir cuantas veces sea oportuno.
 

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