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Hay que seguir atacando a fondo todo lo que sea comportamiento público corrupto, para bien del país

Lo crucial, en todo caso, es que la corrupción siga siendo sometida al juicio de la legalidad, pues aunque se observan avances prometedores en ese campo, falta desde luego mucho por hacer y por garantizar dentro de la amplísima gama de los asuntos públicos.

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En los tiempos más recientes, los destapes de la corrupción gubernamental en los más altos planos del aparato público han merecido no sólo más empeño determinante en las áreas institucionales correspondientes, como la Fiscalía General de la República y la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, sino asimismo, y con especial virtud animadora, en el seno de la sociedad civil, poniendo énfasis en el rol que están desempeñando al respecto las organizaciones sociales y los llamados tanques de pensamiento. Lo que hay que destacar en primer lugar en lo que a toda esta dinámica se refiere es el hecho de que la corrupción a la que aludimos estuvo protegida por densos velos de impunidad que hoy muestran rasgaduras crecientes por efecto de los nuevos afanes institucionales.

En lo que al compromiso de renovación se refiere, hay que recalcar que el sano desenvolvimiento de las conductas públicas, como hemos venido señalando de manera persistente, debe asegurarse en dos sentidos esenciales: la apropiada escogencia de las personas que van a ir a ocupar los cargos correspondientes y el seguimiento puntualizado y objetivo de las conductas que dichas personas van desarrollando en su actividad propia dentro de los cargos respectivos. En ambas vías hay que ejercer los controles obligados.

Frente a todo desempeño público siempre hay opiniones positivas y opiniones adversas, porque los actos concretos, y en especial cuando se refieren a darle cumplimiento a la ley en función de esclarecer y perseguir comportamientos vinculados con el ejercicio del poder, pueden ser vistos desde diversos ángulos de interés y de interpretación. Lo crucial, en todo caso, es que la corrupción siga siendo sometida al juicio de la legalidad, pues aunque se observan avances prometedores en ese campo, falta desde luego mucho por hacer y por garantizar dentro de la amplísima gama de los asuntos públicos.

En este sentido, es más que oportuna la iniciativa de concretar un "Acuerdo de País contra la Corrupción", que se ha gestado dentro del proyecto "Fortalecimiento de Plataformas de Diálogo Anticorrupción", auspiciado por USAID y ejecutado por dos destacadas universidades del país. Dicha iniciativa será presentada a las autoridades del Estado, a los dirigentes de partidos políticos y a los candidatos presidenciales para ver si es posible emprender, a partir del 1 de junio, un esfuerzo conjunto que lleve a definir políticas permanentes en este campo.

Todo lo que se haga para asegurar la limpieza institucional y el control de cualquier conducta que riña con la ley y con la moralidad es bienvenido, y más en esta coyuntura potencialmente renovadora, en la que se pueden abrir perspectivas de cambio transformador, si es que la ciudadanía toma las decisiones convenientes para asegurar el futuro del país. A esto todos debemos prestar el apoyo debido, desde las posiciones y circunstancias de cada quien.

Hay que ir en busca del consenso nacional que no se quede en las declaraciones ocasionales sino que pase a los hechos verificables y sustentables. El Estado de Derecho debe estar siempre en la primera línea de la responsabilidad de todos.

Tags:

  • corrupción
  • sociedad civil
  • conductas públicas
  • ejercicio del poder
  • limpieza institucional
  • consenso

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