Lo más visto

Más de Opinión

Hay que tener apuestas nacionales claras y actualizadas en lo político, en lo económico y en lo social

Si algo ha sido característica indeseable de nuestra dinámica de posguerra es la falta de una hoja de ruta que oriente el accionar tanto público como privado en función del progreso sostenido. Para contar con esa hoja de ruta hubiera sido necesario, en primer término, enfilar voluntades hacia el propósito común y luego generar mecanismos planificadores que ordenaran el esfuerzo.
Enlace copiado
Hay que tener apuestas nacionales claras y actualizadas en lo político, en lo económico y en lo social

Hay que tener apuestas nacionales claras y actualizadas en lo político, en lo económico y en lo social

Hay que tener apuestas nacionales claras y actualizadas en lo político, en lo económico y en lo social

Hay que tener apuestas nacionales claras y actualizadas en lo político, en lo económico y en lo social

Enlace copiado
Nada de eso ocurrió a lo largo de este recorrido que va ya por su tercera década, y el efecto de ello es la sensación de vacío evolutivo que se hace sentir de distintas maneras y por diferentes vías en el ambiente. No es que no evolucionemos, porque eso es inevitable en cualquier circunstancia, pero lo cierto y constatable es que no lo hacemos con la coherencia y con la consistencia que son indispensables para que haya desarrollo en el real y abarcador sentido del término.

A estas alturas, la indefinición ya crónica de metas nacionales integradas y la consiguiente ausencia de esa hoja de ruta que permitiría articular esfuerzos hacia adelante nos están pesando cada vez más como sociedad ansiosa por superar y trascender sus acumuladas carencias estructurales y coyunturales. La población, que es en definiva la que más sufre siempre las consecuencias en todo sentido, está pugnando de diversas maneras para que se den las reorientaciones del caso; pero parece haber más oídos sordos que mentes abiertas, y de seguro buena parte de la frustración ciudadana creciente deriva de esa sordera crónica y de ese enclaustramiento mental.

Los salvadoreños en la más amplia expresión del término tendríamos que hacer ahora mismo lo que popularmente se llama un alto en el camino para visualizar en común lo que nos falta por hacer para que el país se desenvuelva en la dirección y en la medida que necesitamos todos. Ese alto en el camino no tendría que malgastarse en las discusiones y en las polémicas infructuosas que vienen siendo tan comunes entre nosotros; por el contrario, se trataría de hacer una autoevaluación nacional a fondo, para sacar de ella los insumos que puedan conducir a un renovado enfoque de país. Desde luego, no bastan los diagnósticos: hay que pasar a las propuestas y a las iniciativas. Es decir, a las apuestas y a las realizaciones.

¿Cómo concretar en los hechos ese alto en el camino del que acabamos de hacer mención? Para comenzar, habría que imaginar mecanismos que no se estanquen en las discusiones interminables sino que se muevan con raciocinio procedimental. El esfuerzo bien podría focalizarse de inicio según áreas de acción y sectores. Y ahí hay que tener presente las tres grandes áreas de acción: lo político, lo económico y lo social. No hacer un coctel variopinto de entrada, sino impulsar a que en cada sector se activen los motores análiticos y propositivos. Y después, cuando ya haya respuestas sectoriales definidas y concretas, buscar y construir entre todos el esquema de armonización que conduzca al proyecto común.

Lo más importante, sobre todo en las fases iniciales de este empeño nacional que ya no admite demoras, es que no se recaiga en los vicios tan repetidos que han hecho imposible hallar salidas al estancamiebnto en el que desde hace tanto tiempo nos hallamos atrapados como institucionalidad y como sociedad. La dispersión y la improvisación ya demostraron hasta la saciedad que no tienen ninguna capacidad de abrir rutas hacia adelante. Las fuerzas y los liderazgos políticos son los que deben dar las señales de vanguardia en toda esta temática, y el no haberlo hecho así hasta el momento es una deuda histórica que hay que saldar cuanto antes. El propósito debe ser comprometerse en serio con la evolución y con el progreso, para que desde ahí todo lo que pase venga con la seguridad de ser viable y sostenible.

Lee también

Comentarios