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Hay que tomar la problemática económica como un paquete integral

Las previsiones de crecimiento no son nada alentadoras para el año que corre. Y el efecto tiende a reproducirse en el futuro inmediato.
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Que el país está enredado en graves dificultades económicas es una realidad que viene haciéndose sentir desde ya hace bastante tiempo. Que las finanzas públicas se hallan en situación cada vez más crítica es algo que se pone en evidencia con acelerada intensidad. Y ante ese panorama que va volviéndose crecientemente sombrío, lo más preocupante y erosionador es que no se vean señales claras y convincentes de que se esté en vías de abrir los espacios, crear las bases y desplegar los esfuerzos pertinentes para arribar al terreno de las soluciones. Es como si la complejidad del desafío confundiera voluntades en vez de articularlas.<p>Las previsiones de crecimiento no son nada alentadoras para el año que corre. Y el efecto tiende a reproducirse en el futuro inmediato. Esto se dice desde distintos ángulos de la sociedad organizada, pero en realidad quien lo padece de manera más aguda e indefensa en el día a día es el ciudadano común, que se enfrenta al mismo tiempo a una creciente escasez de oportunidades de mejoramiento y a un deterioro progresivo de las condiciones de vida. A partir de ahí debería gestarse una alianza efectiva de trabajo entre el sector público y el sector privado, en abierto contraste con lo que ahora se tiene: el distanciamiento en espiral, movido no por diferencias de fondo sino por rispideces de trato. Estamos al respecto en una situación perfectamente absurda, que en ningún caso es justificable ni sostenible. </p><p>En lo que al desajuste fiscal se refiere, se ha vuelto cotidiano el reconocimiento de que faltan fondos para atender compromisos adquiridos en áreas críticas, como salud y educación. Venimos de vivir al día, y hoy se está teniendo que acudir con alarmante frecuencia a vivir del préstamo, lo cual es la forma más riesgosa de llenar huecos en el presente, porque aumenta sin control la hipoteca del futuro. La única clave que funciona de veras para enfrentar este reto tan angustioso es la que consiste en activar el crecimiento. Es dilema semejante al que ahora mismo tienen que encarar las economías europeas en crisis: cómo ser austeros y a la vez crecer; cómo instaurar el orden estimulando el desarrollo. Es un balance virtuoso para el cual no hay aún una fórmula segura, pero en cada sociedad emproblemada tienen que hacerse valer la creatividad que dé pistas en la ruta del progreso. Y la nuestra no es la excepción.</p><p>Hoy vuelve a revolverse, además, el espinoso tema de los subsidios. El del transporte en primera línea. Volvemos ahí a la lucha de posiciones, de la que hasta el momento no han salido respuestas eficaces en ningún sentido. Veremos si no se cae, como siempre, en la vieja e inútil técnica del parche. Es otro ejemplo de lo contraproducentes que son la fragmentación y la improvisación.</p><p>Lo que hay que dejar muy claro, ahora más que nunca, es que toda esta trenza de cuestiones tan problemáticas demanda enfoques altamente realistas y desprejuiciados, y debe ser atendida en forma integral. El país no resistiría que durante los 21 meses escasos que faltan para que concluya la gestión del gobierno actual todas las energías nacionales fueran consumidas por la combustión de la campaña y por las disputas intersectoriales e interpartidarias. La responsabilidad histórica básica les exige a todas las fuerzas nacionales y a sus respectivos liderazgos hacer un alto inmediato en el camino para definir en conjunto una estrategia común que sea capaz de desatar sinergias positivas en función de soluciones efectivas.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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