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Hay que tomar la reapertura económica dentro de los marcos estrictos de una planificación bien fundamentada

La planificación bien fundada sigue brillando por su ausencia, y en tanto eso no se corrija y enderece, continuaremos en las mismas, con los daños en ascenso.

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Lo que más se le critica al tratamiento a la crisis pandémica y sus diversos efectos en los más variados ámbitos del ambiente es la falta de orden y consistencia en el planteamiento de medidas para orientar las acciones en cada uno de los ámbitos de dicha crisis. Desde que inició esta emergencia, hace ya más de 4 meses consecutivos, lo que se ha visto es que lejos de aprovechar la experiencia para establecer procedimientos que vayan produciendo o al menos anunciando resultados con siquiera un mínimo de certeza, lo que tenemos en el día a día es más incertidumbre y más desorientación. Es como si el fenómeno nos impidiera visualizar soluciones y eso nos fuera cerrando las capacidades de percepción realista sobre lo que pasa y podría seguir pasando.

Y todo esto se da mientras la crisis pandémica mantiene su fuerza y la crisis económica va dejando distintas formas de destrucción a su paso, como puede constarse con las cifras de empleos perdidos, con los niveles de pobreza que van creciendo de manera alarmante, con la situación de deterioro que muestran las cifras de exportaciones e importaciones, y con la calamitosa condición fiscal que se ha venido intensificando de manera acelerada, entre otros. Desde luego, la situación en general es dramática en el más peligroso sentido del término, hasta el punto de que la crisis se viene colando hasta por las más insospechadas rendijas de la realidad nacional, como nunca antes. Estamos, pues, en progresiva emergencia, lo cual requiere movimientos integrados en todos los niveles.

Parece totalmente inverosímil, como hemos subrayado tantas veces, que ninguna de estas alarmas tan contundentes e incuestionables haya sido capaz de conjugar voluntades en la línea de las posibles salidas sustentadas. La crisis se agudiza, y los actores políticos siguen clavados en sus incomprensiones y en sus disputas. ¿Qué más se puede necesitar para que la razón entre a poner orden en este descontrol que parece una película del absurdo? Ojalá que el pensar y el sentir ciudadanos hagan oír su voz y ejerzan su autoridad para destapar oídos y desbloquear voluntades, con el propósito básico de impulsar decididamente una planificación bien fundamentada para que se vayan abriendo vías de claridad en medio de tanta confusión producto de la irresponsabilidad.

En los meses anteriores, y sobre todo muy recientemente, el tema clave de la reapertura económica ha estado de manera constante sobre la mesa, porque es cada día más evidente que ni la gente ni el sistema resisten más inactividad que provoca penuria ciudadana y debilitamiento de los esquemas estructurales principalmente en el área económica. En varios momentos se ha anunciado tal reapertura, pero siempre se posterga, porque las condiciones de la pandemia se mantienen. Esto comprueba que la planificación bien fundada sigue brillando por su ausencia, y en tanto eso no se corrija y enderece, continuaremos en las mismas, con los daños en ascenso. Y no olvidemos que las crisis, si se dejan estar, hacen de las suyas hasta las últimas consecuencias. Eso hay que evitarlo a toda costa.

La crisis social y la crisis fiscal se están moviendo a nuestro alrededor cada día más amenazantes. Es momento de recapacitar, con la lógica en la mano, dejando a un lado toda mezquindad y todo capricho paralizante. Lo que importa de veras es el país y su gente, y hacia ahí tienen que dirigirse todas las decisiones nacionales, sin distingos ni reparos de ninguna índole.

Nuestra salud debe recuperarse y nuestra economía debe sobrevivir. Se trata de retos de la más alta intensidad, que requerirán mucha sabiduría práctica para salir de veras adelante, como todos los salvadoreños merecemos.

Tags:

  • reapertura económica
  • planificación
  • crisis

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