Hay también buenas noticias, que habría que aprovechar al máximo en beneficio del país

Por otra parte, la noticia de que Estados Unidos ha prorrogado una vez más la vigencia del Estatus de Protección Temporal (TPS) que beneficia a unos 204 mil salvadoreños que residen y trabajan en aquel país es un muy alentador impulso para continuar en el esfuerzo de estabilización de nuestra gente en el Norte.
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Nuestra realidad cotidiana está constantemente sobrecargada de situaciones deprimentes y de datos sumamente preocupantes, especialmente en temas como la inseguridad que genera el auge criminal y el estancamiento que se vive en el ámbito económico. El reto principal consiste, desde luego, en encarar de manera efectiva y consistente dichos fenómenos tan complejos y acuciantes; y no nos cansaremos de repetir que para ello se requiere, como una condición insoslayable, que todas las fuerzas nacionales empiecen a administrar sus diferencias en forma constructiva, con una sola mira: el bien común en función del progreso nacional y del mejoramiento real de las condiciones de vida de la población en su conjunto.

En ese sentido, hay que tener el suficiente criterio operacional para atender como se debe lo negativo y para aprovechar en debida forma lo positivo, que también existe en el ambiente. En estos días, para el caso, se está activando ya el FOMILENIO II, que trae un muy buen aporte al desarrollo de la zona costera del país, con todo lo que eso puede irradiar sobre la modernización económica y social en términos nacionales. FOMILENIO II tendría que ser enfocado en clave de futuro, para obtener todas las ventajas del compacto que hoy se pone sobre el terreno.

Por otra parte, la noticia de que Estados Unidos ha prorrogado una vez más la vigencia del Estatus de Protección Temporal (TPS) que beneficia a unos 204 mil salvadoreños que residen y trabajan en aquel país es un muy alentador impulso para continuar en el esfuerzo de estabilización de nuestra gente en el Norte. Este beneficio se otorgó por primera vez después de los terremotos de enero y febrero de 2001, y la prórroga de dicho Estatus hace que el mismo haya estado vigente ya en diez oportunidades sucesivas, lo cual permite además que muchos salvadoreños puedan ir normalizando plenamente su situación migratoria, con los efectos estabilizadores que eso tiene, tanto para las familias como para el país.

Si esto se une al mejoramiento progresivo aunque con naturales altibajos de la situación económica en Estados Unidos, tenemos otro factor que puede ser muy incidente en nuestra propia situación, porque no hay que perder de vista en ningún momento la especialísima relación que existe entre nuestros países, tanto en lo poblacional como en lo económico. Hacia allá exportamos gran parte de lo que producimos, y que aquel mercado esté en buena forma repercute positivamente en la interacción comercial.

El tema del petróleo, que es tan complejo y está tan cargado de connotaciones geopolíticas, también apunta a nuestro favor como país, porque la notable baja en los precios produce un gran alivio en nuestra factura petrolera. Además, el hecho de que los productores latinoamericanos, casi todos adscritos al populismo hegemonizante, con Venezuela a la cabeza, se estén viendo a palitos diluye tentaciones de seguir por esa ruta y estimula inevitablemente el entrar en los carriles del realismo económico y social. El Gobierno actual no puede obviar dichas señales, y tendría que redefinir el rumbo dejando de lado cualquier tipo de fantasmagoría socialista.

Corregir lo negativo y potenciar lo positivo, vengan de donde vinieren, son tareas a las que hay que aplicar el apropiado tratamiento, sin excusas ni pretextos de ninguna índole. Ahí está la base de la eficiencia que con tanto apremio se requiere para avanzar de veras.

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